15 de octubre de 2012

Süskind o el perfume de una empresa ...........


En la magistral e inquietante por momentos novela "El perfume" de Patrick Süskind, puede encontrar la siguiente reflexión:

"Un perfumista era una especie de alquimista que realizaba milagos y si la gente así lo quería, ¡qué remedio! Sólo él sabía que su arte era una artesanía como cualquier otra y eso constituía su orgullo"

Soy un convencido de que la esencia del futuro sostenido de una organización es la eficiencia. Ese indicador es el verdadero "perfume" de una empresa, aunque no hay milagros que conduzcan a su mejora. La manera de llegar a la eficiencia es dominar la artesanía del fantástico universo de los procesos empresariales.
En varias ocasiones he comentado en este blog la importancia de las personas en la vida de una organización. En lo relativo a los procesos internos esa importancia es definitiva. Comento esto porque quiero contarle una experiencia vivida recientemente. Ya en tránsito en mi regreso a Caracas, con las piernas algo maltrechas pero el espíritu en plena forma por el logro obtenido en la Maraton de Berlín, me acerqué a hacer unas compras a un establecimiento madrileño muy conocido y, parafraseando a Cervantes, de cuyo nombre no quiero acordarme.... Mi mente todavía se movía con comodidad por terrenos de epopeya, de logros, de bondades del trabajo en equipo, de necesidad de darlo todo para alcanzar los sueños. El objetivo de mi compra eran unos zapatos. Nada muy sofisticado.
Poca gente alrededor. Supongo que la hora mañanera y la crisis en España tienen algo que ver en eso. Varios empleados circulaban colocando cosas ya colocadas, conversando entre ellos, pensando quien sabe en que cosas. Para un cliente es frustrante tener que pedir, casi por favor, que alguien le haga caso. Sin embargo, en esta ocasión no tuve muchos problemas para que me atendieran. Se me acercó un señor muy amable que respondía con interés y conocimiento a las pocas preguntas que yo puedo formular cuando compro algo. Tranquilo, bien atendido, contento por el logro alcanzado dos días antes en Berlín y dispuesto a hacer una buena compra.

En eso percibo una conversación entre otros dos empleados de la tienda. No sabía discernir al principio si era discusión o, por el contrario, si era una conversación en la que ambos intentaban entretenerse con comentarios provocadores mientras pasaba el tiempo sin clientes a la vista (yo era el único en esos momentos). Me recordaba a esas conversaciones de pareja con reclamaciones más o menos en broma que terminan en gran discusión a la que ninguno de los dos sabe como se llegó. Pronto me di cuenta de que, en efecto, se trataba de un enfrentamiento. Imagínese un enorme restaurante. Vacío. Sólo una mesa ocupada por usted y, de repente, dos camareros “deciden” tener una discusión dando vueltas alrededor de su mesa ¡Justo alrrededor de su mesa! Algo así me ocurría a mi en esos momentos. No había manera de no darse por enterado de lo que pasaba y el pleito era porque uno de ellos, según el otro, se había hecho el remolón para atender un cliente mientras el otro trabajaba. Fue contundente la dinámica de la discusión y la traigo porque, como siempre, creo que puede ser reflejo de tantas situaciones que día a día pueden vivirse en una organización en la que las personas deben interactuar entre ellas.

Incómoda situación. Porque la persona que me atendía a mi se daba cuenta de que yo estaba pendiente del asunto y no sabía como hacer para enviarle alguna señal a sus compañeros con el fin de que se fueran a discutir a otro lado. Pero no. Decidieron discutir “alrededor de mi mesa”. Uno atacaba y el otro se defendía. Al principio la defensa era casi indiferente, mientras que el ataque era comedido, casi en tono de broma. Luego el ataque comenzó a arreciar con una indolencia dolorosa, mientras que la defensa indiferente se fue convirtiendo en una defensa justificativa, casi preocupada:
  • ¡Es que yo no me di cuenta de que me llamabas! Además, estaba buscando algo....
El que atacaba seguía firme en su indiferencia y le hablaba al otro sin mirarle a la cara. Tremendo. Daban vueltas y vueltas. El "acusador" delante. El "acusado" detrás mientras le hablaba. Cada vez él más indiferente y cada vez el otro más incómodo, quizás pensando:
  • ¡Este me pilló in fraganti!

Finalmente, con una seguridad propia del que se sabe en posesión de la verdad, el acusador terminó diciendo, de nuevo sin mirar a su oponente y con algunos términos que no me parece oportuno siquiera repetir:

  • ¡Tu verás! Pero te advierto que me muevo como pez en el agua en estas situaciones.....

Definitivamente es muy interesante observar el entorno. Observar y escuchar siempre serán acciones  fantásticas para entender que es lo que pasa con las emociones de las personas y, naturalmente, lo que pasa con las emociones de la empresa. En ese sentido me llamó la atención La teoría de La Rueda de las Emociones del psicólogo Robert Plutchick. En su trabajo, Plutchick muestra reflexiones interesantes a través de la definición del diseño de su teoría





Según algunos estudiosos de esta teoría, "la persona dominadora experimenta el placer que le proporciona el  tener el control sobre la situación y sobre la vida del dominado. Sabe que un gesto suyo o una palabra van a tener efecto sobre la otra persona y él controla ese efecto más o menos a su voluntad"
Quizás lo anterior le resulta familiar con la experiencia relatada más arriba......Notable, ¿no?

Hecho este paréntesis vuelvo a mi historia para terminar de relatarla. La persona que me atendía intentaba aparentar que nada estaba ocurriendo pero era ciertamente muy difícil. Sus dos colegas desarrollaron esa suerte de coreografía de lo indiferente/preocupado haciendo gala de una capacidad increíble para no reconocer nuestra existencia, cual si la capa de Harry Potter nos cubriera y nos hiciera invisibles. Un episodio como el relatado es, lamentablemente, todavía habitual en muchas organizaciones. Las luchas de poder, las peleas por los espacios, las grandes y pequeñas ambiciones son los únicos dinosaurios que no fueron extinguidos hace tiempo. Peleas como ésta se producen para conseguir...NADA. Ni bueno, ni malo. Eso si, son perfectas para generar un clima negativo entre los colaboradores y, obviamente, entre los clientes que, sin poder evitarlo, "perciben" ese ambiente.

Conseguir un clima laboral adecuado es complejo y mantener un nivel de excelencia en el clima laboral es una tarea de todos y cada uno de los días del año. No va la cosa por temporadas. En un pasaje de "El banquete" de Platón, hay un interesante diálogo en el que Sócrates afirma:

"Examina, pues, si cuando dices "deseo lo que tengo" no quieres decir en realidad otra cosa y es que quiero tener también en el futuro lo que en la actualidad tengo"

Y es que si está usted satisfecho con su clima laboral, trabaje entonces para mantener en el futuro lo bueno que hoy disfruta. Una pelea sin sentido entre dos colaboradores, aparentemente sin mayor trascendencia, puede ser el peor enemigo para que, en el futuro, no tenga aquello que hoy le parece sólido como una roca.





El psicólogo cognitivo Steven Pinker, del que ya he hecho alguna referencia en este blog, publicó en el año 2005 "La tabla rasa" trabajo en el que dedicaba un capítulo completo al asunto cultural. El argumenta en su libro que

"La cultura no es una fuerza autónoma que se escriba sobre una tabla rasa o sirva para moldear arcilla, sino que emerge como resultado de que la gente comparte el conocimiento entre sí y trabaja para alcanzar acuerdos acerca de como vivir"

Interesante. Muy interesante ¿Qué se puede sugerir? Participar. Definitivamente. Pero no desde la redacción o supervisión de legítimos manuales que, siendo necesarios, posiblemente se alejen de la realidad de la empresa. La   realidad de la empresa se construye en los cientos de relaciones entre los colaboradores de la organización y es muy conveniente estar cerca. Sentir la empresa. Vivirla. Participar. Se trata de trabajar una cultura propia. Una cultura que deje los menores espacios posibles para esas luchas internas que causan más impacto en el futuro de la organización (evidentemente no positivo) que las grandes batallas estratégicas que se definen en los despachos de la alta gerencia.


Raúl Baltar

29 de septiembre de 2012

Hablando de unos 40.000 sentimientos......


Hace poco menos de un año publicaba un post en mi blog de Wordpress en el que relataba la experiencia que se vive en los momentos anteriores a una maratón. En aquel caso era la de Nueva York y mañana será la de Berlín. Estamos ante uno de los 5 grandes maratones del mundo y seremos unos 40.000 corredores que asaltaremos las calles de esta hermosa ciudad en busca de un sueño que transita a través de 42 kilómetros y 195 metros. 

Si tiene interés en conocer como son estos momentos previos reproduzco a continuación aquel post del 22/11/2011 en el que comparto los sentimientos que, en unas horas, posiblemente experimentarán más de 40.000 corredores y corredoras.........

"La mañana comenzó muy temprano. Arriba a las 4.30 am después de un sueño irregular en el que la adrenalina no te deja conciliar un descanso relajado y mucho menos profundo. La ropa que te vas a poner ya está preparada desde la noche anterior. El dorsal en el sitio correcto de la camiseta, el short favorito, los calcetines usados y cómodos y las zapatillas que no estén nuevas ni tampoco muy desgastadas, son parte importante del desempeño del día siguiente (nada nuevo, nada no usado antes).  La bolsa con la ropa seca para la llegada también lista al costado.
Un desayuno ligero (luego habrá que comer algo más) y que no se componga de nada no consumido durante los meses de entrenamiento. Definitivamente no es el momento de inventar. Después, toca salir de la habitación del hotel, bajar al lobby y encontrarse con una cantidad considerable de corredores venezolanos y sus familias, todos ilusionados haciéndose decenas de fotos de recuerdo previas a la hazaña que se va a cumplimentar en pocas horas. Al autobús camino de Staten Island. Bromas de unos, reflexión de otros, sueño de los que durante la noche han estado más nerviosos. Se acerca el momento y cada cual va dando salida a sus emociones en línea con sus personalidades. Interesante.
Por fin llegamos a Staten Island. No fue fácil. La cantidad de corredores que acceden a la zona salida se traduce en un atasco que se asemeja a la Avenida Libertador de Caracas en día de lluvia...Todos vamos entonces a la búsqueda inmediata del color asignado, el azul para mi, y del camión de UPS donde la organización te indica debes dejar tu bolsa con la ropa seca para la llegada (muy recomendable preparar con detenimiento esa bolsa). Después, de inmediato al llamado "corral", una parcela en la que tu número te indica debes esperar la partida (en mi caso color azul y corral 8 indicado por mi número 8893).
Llegan entonces los momentos de mayor recogimiento. Rodeado de centenares de personas a quienes no conoces pero de las que imaginas han pasado por el mismo proceso que tu has pasado. Atrás quedan meses de entrenamiento, de madrugones día tras día. De esfuerzo en busca del paso adecuado, de la fuerza necesaria, del ritmo deseado. Velocidad, distancia, esfuerzo están reflejados en los rostros de italianos, franceses, norteamericanos, brasileños y tantos corredores que acompañan a uno en esos momentos de soledad.
Se acerca el momento y uno se saca la ropa vieja que se ha dejado encima para mantener el calor en una fresca pero soleada mañana neoyorkina. Esa ropa, miles de piezas, es recogida por voluntarios para ser entregada a personas de bajos recursos. Los nervios a flor de piel, las palabras del Alcalde Bloomberg, el cañonazo y la mítica New York, New York de la película de Scorsese para cruzar la línea de salida y enfilar el desafiante Verrazano Bridge....
Y para que no quede demasiado largo, les cuento el desarrollo de la carrera en el siguiente post. Espero que les resulte estimulante el relato........"
Raúl Baltar