17 de febrero de 2014

El regalo de no ser imprescindible....

El 27 de diciembre de 2011 escribía una entrada en este blog que, en estos momentos, me resulta interesante rescatar aquí. Ahora, cuando faltan pocos días para que deje mis funciones en Banco Exterior después de seis años de un trabajo tan intenso como apasionante, siento que hay un equipo fantástico que tiene la capacidad de demostrar que soy prescindible como Presidente, aunque aspiro a nunca serlo como persona para todos mis colegas de esa querida institución. Disfrute la lectura....

27/12/2011 
¿Está expirando, inmersos en una crisis mundial parece que interminable, el concepto de gerencia?
Soy un convencido de que no es así. Pensar en una gerencia inspiradora no es ninguna utopía hoy en día aunque, sin ninguna duda, hablamos de una gerencia diferente, inclusiva y multiplicada a muchos agentes activos. La clave es que todos los que están de acuerdo con esos conceptos cuando miran hacia arriba en la organización y creen que muchas cosas que ocurren las harían de otra manera, lo estén también cuando tienen la opción de mirar hacia abajo, es decir, cuando oficialmente son nombrados gerentes y tienen la oportunidad de demostrar que hay otra manera de hacer las cosas, llevándola a la práctica. Hasta ahora, ejercer la gerencia desde el ángulo de la inspiración ha sido parte del código genético de quienes así lo practican puesto que las enseñanzas de años pasados no han sido precisamente propicias al cultivo de ese estilo. Prácticas jerárquicas, parcelación de poderes, falta de comunicación y gerencia distante no eran lo más adecuado para formar gerentes preparados para los nuevos tiempos.
Voy al tema. Este año 2011 finaliza para mi con multitud de buenas experiencias. Que sean buenas no significa que siempre sean de signo positivo. Algunas son transitoriamente negativas, pero pueden convertirse en buenas experiencias si a través de ellas aprendemos a reconocernos a nosotros mismos y a identificar mejor el camino que debemos seguir como profesionales y, porque no, como personas. Y una de las positivas y buenas experiencias que viví hace unas semanas fue participar en el evento Gerencia que Inspira en el Centro Internacional de Actualización Profesional de la Universidad Católica Andrés Bello. El evento fue organizado por la entusiasta, profesional y buena amiga, Tamara Kassab a través de Producciones Make it Happen y en el mismo tuve la oportunidad de compartir con ponentes increíbles una jornada emocionante y entrañable. Mi exposición fue pensada para convencer a los asistentes de que un banco puede ser humano (incluso en estos tiempos). La preparación de la ponencia junto a mi equipo de Marketing y Comunicaciones de Banco Exterior, me hizo reflexionar sobre muchas cosas y no sólo sobre qué hacer para transmitir en 45 minutos algunas consideraciones acerca de cómo lograr el mejor ambiente de trabajo y, en consecuencia, una productividad incluyente y sostenible en el tiempo.
Durante estos últimos días pregunté a mi comunidad en Twitter acerca de que tema les parecería interesante para mis últimos post del año. Uno de mis seguidores, @EdieQ me sugería el siguiente tema: "como reclutar personal de forma no convencional" y esa sugerencia la enlazo directamente con mi reflexión anterior. Llegar a un concepto de gerencia inspiradora requiere de una arquitectura empresarial con fuertes fundamentos en la captación, en la formación y en el desarrollo de los profesionales. No estoy seguro de cual sea el método no convencional para reclutar personal. Lo que sí se por propia experiencia es que es imprescindible establecer protocolos rigurosos y eficientes de captación de personas. Esos protocolos deben asegurar que el perfil de la persona es compatible con el perfil de la empresa. Si usted trabaja en el ambicioso esquema de la inspiración, es decir, la flexibilidad, la comunicación, la innovación, la pasión y el equipo como resultado de la suma de personas con principios y valores similares y actitud también similar, sin duda que será consciente de lo importante de encontrar profesionales "que quieran" acompañar su proyecto.
En otras ocasiones ya confesé que soy un convencido del estudio permanente y de la lectura incesante como fuente de enriquecimiento personal. Aún así, tengo mis reservas acerca de la obsesión por los MBA que existe en el mundo. Creo que los años de experiencia profesional ayudan a sacarle más partido a un post grado, que la temprana edad a la que se finaliza la Universidad. Y creo que merece la pena hacer un post grado de primer nivel y sino mejor no hacerlo. Personalmente prefiero alguien con una actitud empática con los demás, con capacidad creativa, con pasión y garra, que alguien con los mejores estudios pero aislado en su laboratorio personal (al menos en lo que a empresas de servicios se refiere). La formación es el segundo pilar que ayuda a desarrollar una gerencia inspiradora. Una formación adecuada, a tiempo y orientada a las necesidades de cada cual, que no son forzosamente las mismas que las de todos.
Una gerencia que inspira es, finalmente, una gerencia que vive por y para el conocimiento de aquellos a quienes dirige, de aquellos que dirigen junto a él y de aquellos que le dirigen. La mejor receta para conseguirlo es entregarse a ello como mi querido amigo Maickel Melamed  nos enseña cada día. Inspire, pero trabaje esa inspiración cada día. Inspire, pero permita que los demás también inspiren. Apueste por el valor de la inspiración en la gerencia, compruebe los buenos resultados que genera y sienta la adrenalina de convertirse en un triunfador, rodeado de profesionales competentes que lo conviertan a usted en prescindible ¿Se atreve?

Ha pasado 27 meses desde que escribí la anterior entrada y me reafirmo, más que nunca, en que la coherencia siempre será una gran herramienta para convencer e influir. ¡Atrévase!

¡Feliz semana!

Raúl Baltar

18 de enero de 2014

Experiencia, o el sabor de saber estar.....


Ser un líder es sin duda un gran desafío. Creerse un líder puede ser, más que un desafío, una provocación para muchos. Que los demás te vean como un líder es un reto fenomenal y, por cierto, apasionante se mire por el ángulo que se mire.

Ahora, ¿qué papel juega la experiencia en el complejo universo del liderazgo? Todos conocemos a quienes, como una suerte de credencial diplomática, esgrimen habitualmente su experiencia como aval para justificar cualquier acción u opinión. Al mínimo asomo de crítica o discusión a este tipo de personas, de inmediato se escuchará:

- No te olvides que tengo 20 años de experiencia....

En mi opinión la experiencia no es por si misma un activo para determinar el liderazgo. Más bien es parte de los parámetros que encontraremos en la ecuación (compleja) que nos lleve a encontrar un buen líder. El equipo de Resulta2 está haciendo cosas muy interesantes en España en los mundos de la transformación, el coaching, el mentoring y la consultoría. Uno de sus socios, Antonio Robles, suele completar la expresión anterior  en alguna de sus reuniones con una expresión adicional que me pareció genial cuando su socia, Isabel Juárez, me lo contaba....

- No te olvides que tengo 20 años de experiencia.... 
- ¡No! En realidad tienes un año de experiencia ¡que has repetido 20 veces!

Muy de acuerdo con ello. Condición necesaria entonces, pero no suficiente. Es cierto que la experiencia le puede convertir en un auténtico experto en hacer su trabajo, y esa experiencia le puede llevar a realizar su labor hasta con los ojos cerrados. Quizás en otra época algo como eso fuera digno de admiración. Pero hoy ése, precisamente, es el problema. Cerrar los ojos significa perderse todo lo que pasa a nuestro alrededor y dejar pasar la oportunidad de que la experiencia, más bien, permita el enriquecimiento a través de la curiosidad, la duda, la reflexión.

Hace años leía una referencia al economista estadounidense Gordon Tullock y su analogía entre la contaminación industrial y el uso público de la palabra. En su opinión "cuando una empresa contamina el aire, impone un coste a quienes trabajan o viven en la zona afectada. En ausencia de medidas correctoras, la empresa contaminante no tomará en cuenta esos costes externos y, al ser su coste privado de producción inferior al coste social, la actividad contaminante superará el óptimo social. Este sólo podrá alcanzarse si esos costes externos de la contaminación se internalizan mediante un gravamen. De parecida forma, tan pronto el miembro de un comité toma la palabra, los demás miembros deberán escucharle. El orador continuará su intervención hasta que el beneficio privado marginal que obtiene al hablar se iguale a su coste marginal privado; y como éste será muy inferior al social, se dará una sobreproducción similar a la que hace que la empresa industrial contamine el medio ambiente". Tullock habla entonces de imponer cierto coste a los oradores. Suele ser habitual que esa experiencia acumulada faculte a muchos ejecutivos para hablar de forma incontenible y, porque no decirlo, desesperante e ineficiente.

No tiene atractivo acumular años haciendo lo mismo y convirtiéndonos en los más eficientes en una rutina como parodiaba el genial Charles Chaplin en el clásico Tiempos Modernos criticando la producción en cadena. Tampoco es interesante que la experiencia nos estimule a hablar y hablar de "lo que sabemos". Por el contrario, propongo que la experiencia nos permita generar la sensación del saber estar. De saber estar identificando cuando es el momento de comunicar hablando y detectando cuando es el momento adecuado para comunicar escuchando. 

Busque entonces el sabor de saber estar. Búsquelo en usted mismo y, por supuesto, en los demás. Si no encuentra ese sabor, revise en el menú hasta encontrarlo. Realmente merece la pena.



Raúl Baltar