11 de septiembre de 2015

Descubriendo emprendedores

Según avanza mi vida profesional tengo la oportunidad de ratificar algunas cosas. El haber vivido en España, Perú y Venezuela, sin olvidar mi paso frecuente por Panamá, República Dominicana, Estados Unidos o Guatemala, quizás me da una perspectiva que me permite tener una visión amplia de la vida profesional, al menos la que yo he escogido vivir y la que comparto con una buena cantidad de profesionales.

El campeón del mundo de 100 metros, el jamaicano Usain Bolt tiene un entrenamiento que es totalmente diferente del entrenamiento del campeón del mundo de maratón, el keniata Dennis Kimetto. Cada uno de ellos tiene un propósito claro por lo que entrena y en consecuencia se prepara para conseguir su mejor resultado en esa prueba. En el caso de una empresa hay demasiados aficionados a convertirla en campeona de los 100 metros, en triunfadora en el corto plazo cuando, indefectiblemente, está obligada a participar en el largo plazo. Pero hablemos de las personas antes de volver a las empresas.

Mi amiga y admirada Inés Temple, una referencia sin duda en Perú, argumenta en un reciente artículo publicado en su web, acerca de trabajar hasta los 80. Merece la pena leer el artículo porque plantea una reflexión a mi juicio muy realista, a la par que interesante. Para muchos profesionales que quizás están leyendo este post, la jubilación está mucho más lejos de lo que hace 30 años lo estaría para profesionales con su misma edad. Sin duda los tiempos han cambiado y la vertiginosa evolución del mundo, demografía y salud incluidas, no pasa desapercibida para la vida profesional de cualquiera de nosotros. Pero más allá del cambio de época en el que nos hemos instalado, parafraseando a Charles Brewer-Carías, naturalista, fotógrafo y explorador (activo, por cierto) venezolano de 77 años:
·      ¿Jubilarse? ¿Para hacer qué?
 Es obvio que no querer jubilarse puede estar justificado por diversas razones. La necesidad de trabajar y generar ingresos puede ser una de ellas. Ya no es extraordinario que los padres tengan más de 45 años cuando tienen un hijo por lo que cubrir toda la vida educativa de ese hijo proyecta fácilmente edades superiores a los 70 años.
En todo caso, en mi opinión es importante desarrollar otra alternativa que consiste en seguir trabajando porque a uno le satisface lo que hace, le da bienestar y le otorga calidad de vida. Soy de los que pienso que la vocación no es un patrimonio asignado a unas pocas profesiones y que además es una compañera leal de la longevidad. Fíjese en los siguientes ejemplos:

  • El magnate y filántropo húngaro, George Soros, sigue trabajando y escribiendo a sus 85 años
  • El inversionista Warren Buffett sigue siendo el oráculo de Omaha a sus 85 años
  • Herbert Von Karajan, el compositor austriaco, se jubiló cuando falleció a los  81 años
  • El peruano Pedro Pablo Kuczynski se presenta como candidato a la Presidencia con 77 años
  • Jacinto Convit, venezolano que desarrolló la vacuna contra la lepra, seguía investigando cuando le sorprendió la muerte a los 100 años
  • El peruano Fernando de Szyszlo sigue pintando a sus 90 años 
  • El hindú Fauja Singh completó la maratón de Toronto con los 100 años cumplidos


¿Cuestión de edad? ¿Cuestión de actitud? ¿Vocación?

Recientemente he participado en Lima en el evento denominado, Growth Through Innovation, organizado por SHIFT. Mi participación consistió en ser parte de un panel en el que compartí una conversación acerca del desarrollo de ambientes de innovación en la empresa. Moderados por Claudia Doig, nos sentamos ante un nutrido grupo de asistentes que, sin ningún lugar a dudas, representan un excelente síntoma acerca  del enorme interés que el concepto de innovación genera actualmente. En una de mis intervenciones en el panel, hacía una pregunta a la audiencia:
- ¿Quiénes de los presentes, en algún momento de sus vidas, no han pensado en tener su propio negocio?
 La respuesta fue abrumadora. Diría que el 90% de los presentes levantaron su mano. Algunos con cierta timidez y muchos con energía y determinación. Entre estos últimos me incluí yo, por cierto. Aún cuando algunos de los presentes probablemente eran dueños de sus propios negocios, la mayoría trabajaban para empresas desarrollando distintas funciones. Me pregunto si hay algún inconveniente que permita que cualquiera de las personas que levantaron la mano tenga su propio negocio. Soy un convencido de que hay una manera de rescatar esa aspiración, que normalmente viene desde los albores de una carrera profesional, y aplicarla en el trabajo que cada día se lleva a cabo para otros. ¿No sería de esa manera más esperanzador afrontar el hecho de que la salud y otras circunstancias nos llevarán a los 80 años en condiciones razonables para seguir trabajando?
Quizás el mejor punto de partida para conseguir recuperar ese gen de emprendimiento que puede estar dormido, pero que está ahí, es considerar que el trabajo no se hace para otros, que son los que pagan la nómina cada mes, sino que el trabajo lo hacemos para nosotros mismos, para desarrollar las capacidades que nos lleven lejos en el tiempo disfrutando de lo que hacemos.


Yo defiendo que se puede ser un entusiasta de la auditoría interna, de la contabilidad, del análisis de riesgos, de la gerencia de ventas, en fin, de cualquiera de las profesiones que nos encuentren en el camino al llegar a los 65 años. Mi experiencia personal es que si se crea el entorno adecuado para ello, aquellos que sientan que pueden ser creativos y participativos, lo serán porque está en su ADN. Se asomarán fuera de la caja, quizás con precaución o hasta con miedo, pero si conseguimos que salgan se convertirán en aliados valiosos para el desarrollo de la actividad eficiente y rentable de la empresa y, por supuesto, en colaboradores felices. En nuestro proyecto Avalanza, dirigido en A Coruña por Juan Carlos Bugallo, apostamos a que crear ese entorno es multiplicar exponencialmente el fenómeno del emprendimiento que hoy se desarrolla a toda velocidad a lo largo del mundo. Para ello nos hemos asociado con el fantástico equipo de TeamLabs, Campus de Innovación y Emprendimiento, liderado por Juan Freire para ofrecer a las empresas una opción que les apoye en el desarrollo de emprendedores dentro de sus estructuras como alternativa de crecimiento rentable y sostenible.

El desarrollo del emprendimiento interno es un buen camino para que nuestra empresa, mientras sigue corriendo unos decentes 100 metros, se entrene para aspirar a terminar la maratón. Puede que no consiga el récord mundial, pero puede aspirar a un fantástico récord de longevidad y buena salud como Fauja Singh lo hizo terminando último en Toronto con sus 100 años. Y es que, en esencia, la mejor y más ambiciosa competencia siempre es con uno mismo.

Raúl Baltar


13 de junio de 2015

Siempre hay espacio para uno más.....

Quiero compartir con todos el discurso que tuve el honor de leer el jueves pasado, como Orador de Orden en el Acto de Grado de la Universidad Metropolitana de Caracas. El título de la entrada hace mención a algo esencial que subyace en el discurso y es que siempre hay espacio para nuevas cosas, para personas que ven las cosas de forma diferente y que desean crear y construir....


Comienzo por decirles que soy una persona audaz en todo lo que emprendo en la vida. En todos los sentidos. He de confesarles que esa audacia me ha llevado a vivir muchas situaciones difíciles. Cuando corres un maratón y llegas al kilómetro 30 tienes una lista interminable de pensamientos que te llevan a cuestionarte acerca de porqué te has metido en una tortura como esa. Es verdad que la audacia te enfrenta a situaciones que no son cómodas. Yo siempre me he propuesto aprender de esas situaciones difíciles. Pero también he de reconocer que la misma audacia me ha llevado a enfrentar muchos desafíos que resultaron fantásticos, a conocer cosas fascinantes y a compartir con personas maravillosas a lo largo de todo el mundo. Y resalto el verbo que he utilizado en la frase anterior. CONOCER. Hablemos, entonces, de conocimiento. ….
 Ustedes dan por terminada una etapa entrañable en este templo del conocimiento y se encaminan a territorios desconocidos. La Universidad Metropolitana ha sido y será su casa y se ha esforzado durante estos años en poner a su disposición el entorno perfecto para descubrirse a si mismos, para ayudarles a entender cuales son sus fortalezas y sus debilidades, para motivarles a encontrar el conocimiento y también a absorberlo de la mejor manera, para guiarles a explorar el trabajo en equipo y entender el poder de la colaboración. Están ante una etapa de la vida en la que finalizan el recorrido de unas rutas que ya son muy conocidas para ustedes, para comenzar otras rutas todavía desconocidas y, no lo duden, seguro que apasionantes.
 Pero quiero hablarles un instante de mi persona, que con toda humildad agradece tener esta oportunidad el día de hoy. Nunca imaginé una situación como esta que ahora estoy viviendo. Estar aquí, hablándoles a ustedes en un día tan especial. Nunca imaginé que tendría un honor de estas características y, por cierto, de tan gran responsabilidad.
 Nunca imaginé que iba a salir de España, hace ya 15 años, para aprovechar la oportunidad y la bendición de trabajar 8 años en Perú y 7 años en Venezuela.
 Nunca imaginé que sería Presidente de bancos tan importantes como el BanBif en Perú, al que llegué con 37 años y como el Banco Exterior en Venezuela.
 Honestamente, nunca me lo imaginé. Cuando terminé mis estudios en la Universidad Autónoma de Madrid en 1987, estaba esperándome mi primer contrato en Arthur Andersen y enormes expectativas acerca de lo que haría en mi vida laboral. Pero tantas cosas que he vivido no podía imaginarlas. Y quizás se pregunten como se consigue que cosas así sucedan….
 La respuesta es compleja, como complejo es el mundo al que se van a enfrentar a partir de ahora. Lo que puedo asegurarles es que siempre viajé a enfrentar esas oportunidades con una maleta llena de sueños y también de algunos miedos. Y aunque era imposible planificar o imaginar todo lo que me ha pasado, les puedo decir las cosas que SI siempre imaginé que estarían presentes en mi vida y que mis estudios y mi familia me inculcaron:
 1.- El trabajo duro.
2.- La humildad y el respeto.
3.- Recibir responsabilidad y aceptarla.
4.- Generar confianza y responder a ella.
 Con esas herramientas, en mi equipaje de forma permanente, siempre me permití el dejarme sorprender por la vida. Nunca dejé (en realidad sigo sin dejar…) de observar qué se veía a través de una ventana abierta o de asomarme a una puerta entornada. Y les recomiendo que ustedes tampoco dejen de hacerlo nunca. El miedo (el que viaja inseparable a nuestro lado bien instalado en nuestra maleta) siempre estará presente ante la incertidumbre de lo que se pueden encontrar al mirar a través de algunas ventanas abiertas. Pero les garantizo que cuando sientan ese miedo, ese estómago encogido y la boca seca, grandes oportunidades se están presentando ante ustedes. Es un buen síntoma. Lo fácil nunca genera adrenalina. No lo olviden.
 Todo su esfuerzo de estos años, no dudo que muy importante, tiene un enemigo duro y persistente que nunca va a dejar de amenazarles e intentar cautivarles. La zona de confort. Permitan que haga una cita de un pasaje del Origen de las Especies de Charles Darwin:
 “En la evolución de las especies, la armadura protectora casi siempre produjo desastres. Salvo unas pocas excepciones, la mayoría de las veces el caparazón se convierte en una traba para el animal encerrado en él, lo vuelve más lento, con lo cual le resulta difícil salir en busca de alimento y además lo torna en un blanco fácil para depredadores más ágiles y rápidos que él. Los animales que pueden levantar el vuelo o sumergirse en las aguas, que se mueven con rapidez y de manera impredecible, son infinitamente más poderosos y están más seguros”
 Más de 200 años después, esa reflexión es totalmente vigente. La zona de confort es el aliado perfecto del miedo ante las decisiones. Y muchos prefieren mirar las cosas como siempre las han visto. Por favor, no se unan a ese grupo. Es maravilloso plantearse el ver los paisajes de manera diferente a como siempre se han visto. Descubrir nuevos tonos, nuevos colores, nuevos elementos en lo que quizás siempre está a nuestro frente y nunca habíamos reconocido, nos acerca a entender mejor como sacar lo mejor de aquello que nos rodea. Cambiar, transformar, inspirar, debe ser la rutina ideal para una generación como la suya. De hecho, aquí está sentada una generación que llega al mundo laboral en un momento muy especial en el que hay auténticos movimientos telúricos en la forma de entender la gerencia y las organizaciones. ¿Está muy lejos ser gerentes, ser líderes para ustedes? Todos, en la medida en la que pronto tengan a una sola persona dependiendo de ustedes, sea el que sea el trabajo que desempeñen, serán gerentes y por lo tanto tendrán como desafío adaptarse a un entorno muy cambiante. Liderazgo adaptativo, entorno colaborativo, ecosistema innovador, gestión del cambio son conceptos con los que ya entran de lleno a sus próximas responsabilidades.
 Antes hablaba de maratones. Yo soy maratonista. Ya he hecho 16 maratones y un Ironman y este año, con 52 años, he conseguido bajar la barrera de las 3 horas en la mítica distancia de Filípides.  Así que nunca crean que hay algo que ya no van a poder hacer, crear, construir o conquistar. Sobre todo no crean que algo es imposible porque alguien les dice que es imposible. Recuerden que el gran Armando Scannone, con 92 años, declara que tiene todavía varios retos por delante, al menos escribir 2 libros más que recojan los exuberantes sabores de la cocina venezolana. Aprovechen el talento que tengan y trabájenlo las horas necesarias que les permitan convertirse en expertos. Pero a su vez aprovechen lo mejor, que es mucho, de lo que les puedan enseñar las generaciones pasadas que han gestado hazañas con muy pocos medios para construir sus sueños y que hoy son el testigo que ustedes reciben en sus manos. Corran con ese testigo, sabiendo que parten de algo sólido, con buenos pilares, con un terreno ya conquistado que debe quedar atrás, pero que debe ser conocido, respetado y aprendido. Su misión, ahora, es transformar y adaptar todo para ser resilientes en un mundo diferente que ya está instalado.
 Busquen de forma incansable aquello que quieren hacer con su tiempo. Precisamente por eso, porque es su tiempo. Y el tiempo es limitado. ¿Y en que pueden invertir su tiempo? Les hago una sugerencia. En ustedes mismos. Ahora son, con diferencia, la mejor inversión que pueden hacer en sus vidas. Les recomiendo que no pidan en estos momentos mucho mas que espacios para crear, para innovar, para emprender. Todo lo que hagan ahora, que es su inversión y que nadie hará por ustedes, es su mejor propósito. Y en ese camino de seguir aprendiendo y aprendiendo, encontrarán su vocación. Porque les puedo asegurar que una vocación se puede construir, se puede elaborar y luego se puede desarrollar. Sentir pasión por lo que hagan es el gran objetivo que les planteo. Y no es un objetivo de corto plazo. Los comienzos son siempre difíciles si es que ustedes se plantean un propósito ambicioso, audaz y en el que están más dispuestos a entregar que a recibir. Pero también les quiero decir que la dificultad nunca dejará de acompañarles en su vida laboral. Sólo hay un escenario en el que no verán la dificultad y ese escenario es en el que asumen que su visión sea la de la rutina y la zona de confort. En algún momento una empresa como Kodak decidió instalarse ahí y fue su final. Pero esa decisión es su decisión. Únicamente su responsabilidad. De nadie más. La dificultad es, en realidad, oportunidad, Y la oportunidad es la posibilidad de generar valor para ustedes y para la sociedad. Son una generación que comienza a trabajar en un nuevo mundo. Salgan a curiosear, a retar, a desafiar y mantengan en todas esas acciones sus valores por encima de cualquier circunstancia. Y pronto se estarán dando cuenta de que comienzan a enseñar y guiar a otros. Prepárense para ese momento, porque esa es una tarea difícil, quizás la más difícil. Preparar un trabajo quizás sea difícil. Hacer que otra persona lo haga y lo haga bien, sin duda es arte. Trabajar con personas e influir en ellas de forma constructiva y positiva es lo mas retador y emocionante. Busquen eso sin descanso. Atrévanse a tomar responsabilidades, acepten el desafío de inspirar a otros y siempre entiendan que las emociones son ya una parte fundamental del nuevo orden empresarial. Mi mensaje final es que no se dediquen nunca a fabricar enredos, a formular ecuaciones complejas que no entienda nadie, a elaborar pegajosas telas de araña en las que todos se queden pegados quieran o no, a construir laberintos indescifrables que impidan el mejor desarrollo de las personas a costa de preservar el poder individual. Busquen, más bien, la elegancia, la simpleza y la sencillez de un liderazgo que base su influencia y trascendencia en la capacidad de inspirar a otros a través del respeto, del rigor, de la equidad y de la más honesta profesionalidad.


Raúl Baltar


4 de junio de 2015

No sólo se trata de cambiar los números....

En el Boletín del Fondo Monetario Internacional de unos meses atrás se reflejan algunas declaraciones de su Directora Gerente, Christine Lagarde, haciendo referencia a que "las reformas estructurales y la inversión en infraestructura pueden abordar los problemas a corto plazo relacionados con la demanda y los problemas a mediano plazo relacionados con la oferta". En definitiva, Lagarde hizo hincapié en la necesidad de tomar medidas rápidamente en lo que se refiere a reformas que estimulen el crecimiento en el corto y largo plazo......

En fin, son ya ocho largos años de una de las crisis económicas y financieras más virulentas que se recuerdan y todos quieren salir de ahí cuanto antes. Es cierto que algunos datos muestran mejorías y personalmente tiendo a pensar que una parte importante de lo malo ya se superó. Pero es obvio que dramas como el desempleo en España o la situación de Grecia no animan a pensar que los problemas ya se acabaron. Larga, muy larga la crisis. Y cuando leía a Lagarde expresándose acerca de reformas estructurales no pude evitar pensar en quienes están más abajo, en la cadena económica, intentando darle forma en la economía real a esas macro reformas, es decir, al tejido empresarial (privado o público) y las personas que conforman el mismo.

En estos últimos años algunas empresas en el mundo, no se si tantas, están llevando a cabo reformas estructurales que intentan neutralizar varios de los excesos vividos hasta el año 2007. Reformas estructurales que orienten a las organizaciones hacia mayor eficiencia, modelos de negocio más adaptados a la realidad, estructuras más flexibles, desarrollo del talento. Algunas de esas medidas se tomaron por exigencia de la situación, es decir, una reacción bastante teñida de la necesidad de cambiar lo colores de las cuentas de resultados (rojo vs azul). Pero quizás, en ocasiones, esas medidas no se tomaron tanto por convencimiento de la necesidad de cambiar un modelo basado, parafraseando a mi amigo Juan Carlos Cubeiro, en el capitalismo en lugar de en el talento.

La mayoría de los líderes empresariales que hoy están al frente de las empresas, intentando recuperarlas, son los mismos que guiaron a sus equipos a caballo de una enorme y poderosa ola de bonanza que parecía que nunca iba a tener una orilla en la que romper. El práctico libro Resiliencia, del polifacético empresario peruano Ben Schneider, nos documenta como la capacidad para enfrentar entornos de crisis e inestabilidad es fundamental para los que consiguen sobrevivir. En estos años se han aplicado grandes dosis de Resiliencia, de eso no hay ninguna duda.

¿Pero ha habido algo más? Sin duda un líder que fue el protagonista de una caída, propia o inducida por el entorno, puede ser también el líder del resurgimiento. ¿Por qué no? La gran pregunta es qué hacer para que la recuperación sea un éxito y, de la misma manera, suponga un cambio. Manejar la tesis de que la crisis salió de nuestras vidas porque estuvimos iluminados y fuimos oportunos es, sencillamente, más de lo mismo. En definitiva, supone recaer en paradigmas que nos han llevado a vivir, no sólo una atroz crisis financiera y económica, sino una pérdida de rumbo en la capacidad de adaptación a una nueva época.

No se pueden hacer las cosas del mismo modo con el aval, ciertamente irrelevante, de haber superado esta crisis. Lo más competitivo a lo que nos vamos a enfrentar en los próximos años es, además de vender más y mejor que nuestros competidores, retener el talento de una generación que busca estímulos y condiciones de características diferentes a las que si acaso nos atrevíamos a pedir las generaciones anteriores. Es como quien supera una crisis de salud por mala alimentación y, una vez superada, vuelve a comer mal, beber peor y olvidar que existe una forma divertida, entretenida y sabrosa para alimentarse sin que nos cavemos nuestra propia tumba. El siempre oportuno Santiago Carbó nos explica que los bancos están volviendo a la senda del crédito. Pero si el crédito lo van a seguir comercializando según las mismas técnicas no habremos avanzado mucho. Y yo me permito añadir un factor adicional a esa reflexión y es que si esta nueva senda se inicia con los mismos profesionales que han salido exhaustos de años de grandes dificultades, todo esto no será fácil.
En términos empresariales, decidirse en estos momentos a crecer porque las condiciones económicas están mejorando, sin haber hecho una profunda reflexión con los equipos, hasta la última persona en la empresa, supone volver a comer mal y beber peor.

¿Fórmulas? Permitir la innovación, el desarrollo del emprendimiento y entender que las reglas cambiaron y no van a volver a lo conocido es parte de la nueva fórmula. Reconocer que una nueva estrategia debe ser compartida por todos en la organización y que todos deben recibir no sólo las mejores herramientas, sino el mejor desarrollo de competencias. En todo caso, los cambios estructurales en las organizaciones son fundamentales y comienzan por arriba, no tanto por abajo.

Raúl Baltar



7 de febrero de 2015

¿Porqué no comenzar ahora....?


Según el físico teórico, futurólogo y divulgador científico Michio Kaku "hemos aprendido más sobre el cerebro en los últimos 10 años que en toda la historia de la humanidad....Internet se convertirá en una red del cerebro...Vamos a tener dos discos en el futuro, el del genoma, con todos los genes de nuestro cuerpo, y el del conectoma, el mapa de las conexiones neuronales con las memorias, las sensaciones y la personalidad"

Escuchando a este personaje tan peculiar me preguntaba, por ejemplo, porque limitarse a pensar que los emprendedores son gente de menos de 30 años que no sabe o no quiere trabajar para otros. En general solemos limitar nuestras fronteras a un claro mapa en el que sepamos donde comienzan y terminan las cosas,  ya sean nuestro país, nuestra ciudad, nuestra casa o, incluso, nuestra habitación. Son nuestros territorios y, normalmente, nos sentimos más cómodos sabiendo donde están, cómo están ordenados (o desordenados) y pensando que no se van a mover de ahí.

Recuerdo cuando mi familia vivía en Lugo, una agradable ciudad de Galicia, en España. Yo viví allí entre los 10 y los 17 años. Es decir, ahí pasaron cosas importantes en mi vida. Vivir en una ciudad de apenas 60.000 habitantes en los setenta tenía ciertamente limitaciones, pero sin embargo no limitaba algunas experiencias como la capacidad de observar, de escuchar y de comenzar a registrar el funcionamiento de esta nuestra civilización. Una civilización que, como dice el filósofo español Fernando Savater a quien tuve la oportunidad de conocer hace muchos años en Lima, es única pues todos, independientemente de creencias, edades y condiciones, compartimos una forma de vida: viajamos en avión, usamos electricidad, internet....

Hace no mucho tiempo, Alessandra Aguilar, una de las grandes atletas españolas del momento, precisamente de Lugo, tuiteaba una fotografía en la que, en el patio de un colegio participaba en una carrera bajo la vigilancia de su padre. Mi hermano Víctor Baltar, al que estoy intentando animar a que regrese a Twitter, me escribió de inmediato para pedirme que mirara con atención la fotografía.....





En efecto, apoyados indolentemente en un muro del patio estaban tres jovencitos (seguramente no más de 12 años) que miraban con curiosidad esa carrera improvisada. Pues bien, esos tres niños eramos mi hermano, nuestro amigo Luis Rodríguez Ascáriz y mi persona. El colegio era el de los Padres Franciscanos y hoy yo me precio, después de una vida con muchas, muchas vueltas, de considerarme amigo de Alessandra, que era la niña que corría bajo la mirada de su padre. En ese colegio, cuando salíamos de excursión, todos en el autobús cantábamos una canción que no recuerdo completa, aunque si recuerdo cómo comenzaba:

“Somos del Colegio, Padres Franciscanos…..”

Estoy seguro de que algún lector que por suerte lea esto y fuera parte de esa tribu (empezando por mi hermano Víctor o por Luis), quizás pueda completar esa letra. Pero lo cierto es que ya en ese pequeño colegio, del que tan buenos recuerdos tengo, de esa pequeña ciudad en la que comenzó mi adolescencia, encontraba ya algunos símbolos que definían y marcaban territorios. Nosotros éramos de los Franciscanos y nos sentíamos así, no de ningún otro lugar.

Según Kaku, ahora sabemos más sobre nuestro cerebro. Y es importante que ese conocimiento no se vuelva en nuestra contra. Aunque puede ser agradable sentirse parte de algo, ya sea un colegio, un club de lectura, una tendencia política, un equipo de fútbol, una creencia religiosa, etc, sin duda que el no olvidar lo que hemos vivido, a quien hemos conocido o escuchado, nos puede ayudar a ampliar nuestra perspectiva ante la vida y, de esa manera, recuperar sueños atrapados en el tiempo y conseguir hacerlos realidad más allá de nuestros vínculos profesionales.

Y por ello vuelvo al emprendimiento. Yo siempre escuché, y de hecho yo mismo pronuncié varias veces en la vida, la siguiente frase:

¡Yo siempre quise tener mi propio negocio!

En mi opinión una intención como esa no tiene fecha de caducidad. Es como esa carrera en el patio del colegio de hace casi 40 años y que tenía registrada en algún lugar de mi cerebro hasta que la fotografía la recuperó. La diferencia entre tener un negocio y no tenerlo es muy extensa y con muchas aristas para explicar. En cada caso hay un mundo, aunque es muy posible que existan intersecciones en las que se encuentran no pocas circunstancias en común. Yo soy un convencido de que el que verdaderamente siente esa tendencia a la aventura emprendedora, la mantiene vigente aunque probablemente quizás apagada. La mayoría no se atreve a dar el salto en ese abismo de lo desconocido que, como fantásticamente explica Matti Hemmi en su libro "¿Te atreves a soñar?", es la gran diferencia entre vivir en la zona de confort y aceptar la evolución. Y dar el salto en ocasiones significa, simplemente, cambiar de departamento en una misma zona de la empresa. Vértigo.....

Tener una responsabilidad en una empresa y buscar cumplir con ella mejor cada día, sacudiéndose de encima la zona de confort, es de por sí muy similar a tener un negocio propio. Yo diría que hay que definir dos responsabilidades. Primero la responsabilidad de quien toma decisiones en la empresa  para promover la creación de espacios reales (no sólo físicos) que favorezcan el emprendimiento, que lo incluyan como parte de una cultura y que busquen por toda la empresa dónde están los emprendedores para invitarlos y ayudarlos a regresar a su verdadera esencia. Segundo, la responsabilidad de quien puede hacer las cosas diferentes, eliminando la zona de confort como parte de una dinámica de trabajo, convirtiéndose de esa manera en un agente del cambio que, entre otras muchas cosas, generará una energía positiva que llevará la empresa a límites no sospechados.

Como Pablo Neruda, confieso que he vivido. Y la vida profesional que hasta ahora he tenido diría que no ha apagado mi esencia como emprendedor. En las distintas empresas en las que he trabajado durante estos años (Arthur Andersen, Banco Zaragozano, BanBif, Banco Exterior y Banesco Grupo Internacional) he tenido oportunidades de innovar, de emprender, de cambiar las cosas y lo he hecho. No siempre ha resultado y no siempre ha gustado. Pero muchas veces sí lo ha hecho y el contagio positivo de esa forma de ver la vida profesional ha sido evidente a lo largo de estos años. Ahora, me convierto en un emprendedor independiente. Regreso a este blog agradecido por tanto aprendizaje en tantos años y por haber compartido con tantas personas especiales. 

Siempre quise tener mi negocio. Tengo 51 años y ........... ¿porqué no comenzar ahora?


Raúl Baltar



8 de agosto de 2014

Federer, o pensar un poco más allá......

No hace mucho veía cómodamente sentado la final del campeonato de Wimbledon correspondiente al año 2014. Jugaban Novak Djokovic y Roger Federer. Transcurría, teóricamente, el último juego del último set y la victoria de Nole parecía definitiva. El marcador establecía un 5 juegos a 1 que presagiaba unos pocos minutos más de partido. Tocaba descanso y ambos tenistas se sentaban en sus asientos protegidos por los paraguas que les aliviaban, al menos unos minutos, del sol londinense. Siempre comento que observar es una gran herramienta para todo. E insisto, cómodamente sentado, observé como Roger comenzaba a comer unas porciones de plátano, hidratarse con algún tipo de compuesto complementario y, en definitiva, prepararse como si el partido estuviera en la mitad de su transcurrir. Cualquiera diría......
- Pero....¿para qué comer e hidratarse si está claro que le quedan 5 minutos?
Bueno, pues resulta que desde ese instante que acabo de describir, todavía se jugaron cuatro games adicionales y, en algún momento, parecía que Federer llegaba a desafiar la hasta unos juegos atrás previsible victoria de Nole. Por supuesto que nada de todo ello se habría siquiera asomado a nuestras pantallas si Federer no hubiera asumido que su trabajo consistía en estar preparado para lo que no parecía que iba a ocurrir.....

Y estar preparado es esencial en la vida de las organizaciones aunque en muchas ocasiones no se observe como algo determinante. Muchos creen que el status quo es inamovible en el tiempo y que se controla ese momento actual de manera natural e indiscutible. El economista británico Alfred Marshall puso en juego con profusión otra alocución latina que, en economía, es un recurso habitual en la formulación de muchas teorías: ceteris paribus, es decir, cambio un elemento manteniéndose todas las demás cosas igual. La experiencia nos dice que no siempre es así. Es interesante analizar casos como el de Kodak, compañía que fue fundada en 1892 por George Eastman y que supo adaptarse a la evolución en su forma de actuar. Pero eso ocurrió hasta que, literalmente, le pasó por encima la era digital para terminar acogiéndose a la ley de quiebras en Estados Unidos en el año 2012. En definitiva, en el caso de Kodak, como en tantos otros casos que están ahí para ser estudiados, ni se mantuvo el statu quo, ni se pudo aplicar el ceteris paribus pues todo cambió....

Ya sean las circunstancias favorables o desfavorables, es determinante seguir "alimentándose" como Federer lo hizo. Si no se hace así vienen las sorpresas acompañadas del clásico lamento organizacional:
- ¿Por qué me tiene que pasar esto a mi?
Bueno, pues te pasa porque cuando debiste hacerlo no te preparaste. Y uno de los casos más críticos  en las empresas es tener claramente definidos los sucesores para posiciones relevantes o de gran responsabilidad. En ocasiones el que la ocupa una de esas posiciones piensa que es eterno y, por supuesto, imprescindible. También en ocasiones el jefe correspondiente está tan cómodo con quien ocupa esa posición que piensa que "nadie" más puede estar al nivel de esa persona y se dedica a navegar en una inmensa zona de confort. El asunto tiene de parte y parte. Lo simpático, si no fuera porque suele convertirse en una tragedia, es que una vez que ocurre aquello que no se esperaba y para lo que no existe preparación definida ni protocolo establecido (sustitución), son varias las fases que se despliegan:
Primera fase: La indignación. 
Es la fase del "es increíble que esto me pase a mí". Todo es una suerte de traición de los astros. En estos casos lo que ocurre es que se pulveriza la zona de confort del jefe a quien le reporta quien se va de la empresa. Normalmente no suele haber autocrítica y sin embargo si existe la sensación de que aparece un problema.
Segunda fase: La manipulación. 
Ante la falta de alternativas y la alta dependencia de alguien que solucionaba las cosas a gusto del jefe correspondiente, se intenta manipular la decisión de salir de la empresa con argumentos tan vacíos como "te estás volviendo loco", "piensa bien lo que estás haciendo" o el clásico "aquí tienes un futuro brillante y lo vas a desperdiciar". Es de lamentar que en muchas ocasiones esta manipulación surte efecto y se generan pocas lecciones aprendidas.
Tercera fase: La negación. 
En esta fase comienza a activarse una estrategia que se basa en desconocer la decisión de quien se va de la empresa. Se le sigue dando trabajo y se le continúa hablando como si tuviera por delante una planificación de 5 años y no unos días apenas para vaciar su mesa y emprender nuevos desafíos.
Cuarta fase: La adaptación.
Ahora si que comienza la búsqueda de una sustitución adecuada para la responsabilidad  a cubrir y el intento (por supuesto que vano) de encontrar un clon de la persona que tanto se apreciaba y que ahora se va.
Pueden existir muchas más fases que las descritas o quizás pueden darse menos. Pero lo cierto es que todo esto se puede evitar si existe una planificación para algo que, evidentemente, en algún momento va a ocurrir. Si la empresa tiene una planificación adecuada no improvisará y por tanto evitará lo que la improvisación genera: desgaste en el resto del equipo, frustración y pérdida de eficiencia.

Hay maneras de hacer las cosas bien. En mi opinión ejemplos como la sustitución de Jack Welch por Jeffrey R. Immelt en el año 2001 en General Electric son modelos que indican que se puede establecer un protocolo que funcione. Y claro que no hay garantías. El propio Warren Buffett, que está a punto de cumplir 84 años de edad, que tiene 50 años dirigiendo Berkshire Hathaway y que ha batido 39 de esos años al S&P 500, tenía un sucesor  en David Sokol para dirigir este imperio. Pero el ceteris paribus no funcionó y Sokol salió de la fórmula al haber comprado acciones de Lubrizol, una compañía que terminó en la cartera de inversión de Berkshire. El escándalo perjudicó los planes de Buffett cuya fama de Oráculo no pudo prever algo así, que por otra parte es tan humano.....En definitiva, ni siquiera Buffett puede prepararse para todo lo que puede pasar aún con protocolos definidos.

En ese caso, acordándonos de nuevo de Roger Federer, conviene siempre hidratarse bien, porque nunca se sabe cuanto puede durar el partido y que sorpresas nos deparará. El método, la disciplina, el saber que el entorno es cambiante y el orden, siempre serán grandes aliados.

Raúl Baltar

1 de junio de 2014

El cambio o ....... el aroma de la confianza

Aparece de nuevo el tiempo de escribir. Sentado en casa, tranquilo al menos por unas horas, muchas cosas que contar me llevan a comprometer las horas que en las últimas semanas no encontraba para continuar con esta apasionante afición por escribir, que comencé hace casi cinco años.

Es frecuente que haya una cierta disconformidad con la rutina del día a día y que se quiera buscar alguna variación sobre ella. Ello es el origen de muchos cambios en la vida personal y en la vida laboral. Sin embargo, la vida que estamos acostumbrados a recibir cada día cuando nos levantamos se transforma tras algunas decisiones y, entonces, se extraña aquello que justamente se quería cambiar. Supongo que son las paradojas del ser humano, que sin duda afectan a nuestro quehacer diario y son las grandes resistencias ante los procesos de cambio. No sólo hay resistencias a cambiar de trabajo. Incluso la resistencia es a cambiar de área dentro de un mismo trabajo.
Para vencer esas resistencias, la actitud de las personas es fundamental, pero la confianza que éstas tienen en las decisiones de la empresa también es definitiva. En mis charlas utilizo con frecuencia un pasaje de la película 300 dirigida en 2007 por Zack Snyder y que recrea la Batalla de las Termópilas. El Rey Leónidas le explica a Efialtes, un griego deformado físicamente que pretendía unirse a las fuerzas de batalla, que no puede luchar contra los persas pues sería un obstáculo para el resto del equipo. Leónidas le dice que puede desarrollar otras tareas como dar agua a los heridos o recoger a los muertos. Sin duda es difícil decirle a alguien que no sirve para una tarea para la que no tiene las competencias adecuadas. Es difícil y de hecho Efialtes, muy molesto, termina traicionando a las fuerzas griegas ante los persas. Pero aún siendo difícil, si no lo hacemos, la organización no tendrá confianza en las decisiones que se establezcan para el desarrollo profesional. De ahí llegará sin duda el temor a un cambio mal pensado o improvisado.

No se trata de ser un Espartano/a, pero declaro aquí mi homenaje a tantas personas que deciden cambiar. Cambiar mirando atrás para reconocer lo mucho que han atesorado en años de experiencia (bueno y malo) y, a la par, cambiar tras mirar dentro de sí para entender que es necesario moverse de la zona de confort. No son decisiones fáciles y es necesaria una dosis importante de valentía (y para tener valentía primero ha de sentirse miedo) que permita abandonar territorios conocidos y cómodos, aunque sean aburridos. Un homenaje que expreso desde lo más profundo de mis convicciones.

Y los cambios suponen nuevos escenarios, nuevos paisajes y nuevas personas. Seguro que en algunas ocasiones se ha sentado en una reunión con alguien por primera vez y ha sentido que la comunicación fluía sin el menor esfuerzo. No se trata de que se opine lo mismo en todo, sino que la energía fluye con tal naturalidad que genera un estado de confianza (un aroma de confianza) que se traduce casi siempre en cosas buenas para todos. Esta última semana he regresado a Caracas y he trabajado intensamente en Banesco, mi nueva casa. Y estos son tiempos en los que con frecuencia vengo manteniendo reuniones con personas con las que jamás me había encontrado hasta ahora. En algunos casos, esas reuniones han sido sorprendentes y, casi siempre, es necesario extraer todo lo que uno tiene dentro para comprender y asimilar una nueva narrativa.

Cuando a nivel personal uno mantiene una conversación con alguien a quien conoce por vez primera  y ésta fluye de manera natural, con chispa y buena vibra, ninguno de los dos manifestará el más mínimo gesto para terminar la conversación, porque se siente a gusto. Cuando esa vibra no existe, sencillamente evitará volver a sentarte junto a esa persona. En las relaciones personales es un regalo encontrarte alguien así. En las relaciones profesionales nuestro amigo Daniel Goleman entra de pleno en el radar porque nos enseña que hemos de seleccionar entre las inteligencias que tenemos para conseguir que la conversación, aún sin las energías alineadas, fluya como debe. El estilo de cada cual es irrenunciable, pero la forma en la que nos relacionamos se puede trabajar con grandes posibilidades de éxito.

El estilo personal es una marca que se lleva cosida de manera muy visible. Todos la llevamos de fábrica, aunque no lo consideremos evidente. Incluso quien quiera pasar desapercibido se evidencia como alguien que se esconde de los centros de decisión. El estilo personal de cada cual es, a su vez, una tela que está cosida junto al de otras muchas personas para configurar un tejido que es la definición de la cultura de una empresa. Una organización ha de ser consciente del estilo de cada uno de sus integrantes. Seguramente conoce la famosa frase que ideó James Carville, estratega político en la campaña por la presidencia de Bill Clinton en 1992:
-. ¡¡Es la economía, estúpido !!
Se dice que esta frase ayudó enormemente a Clinton a conseguir la victoria sobre Bush padre en esas elecciones. A veces no nos damos cuenta, cuando intentamos dirigir un equipo, que éste se compone de personas, cada una de las cuales tiene esa "marca personal" que le hace creer en una forma de entender su vida y, por extensión, su trabajo. Si busca un cambio y, en ese camino, establecer una cultura, la construcción de esa cultura debe tener en cuenta el trabajo de captación hecho hasta ese momento. No sólo en cuanto a las competencias de cada uno sino en cuanto al estilo personal predominante. La cultura no se construye a través de una presentación en Power Point. Ni siquiera lo intente. Y si una cultura no le gusta, no intente cambiarla mediante correos electrónicos, mensajes grandilocuentes o amenazas. Hay que acordarse de Carville y reconocer que cambiar una cultura supone convicción, esfuerzo, constancia y, ciertamente, ofrecer algo mejor a los que deben adoptarla. Hay que evitar, en todo caso, que alguien grite:
.- ¡¡ Es la cultura, estúpido!!
El gran Peter Senge establece que "el aprendizaje en equipo es el proceso de alinear y desarrollar la capacidad del equipo para crear los resultados deseados por sus integrantes. Se construye sobre la disciplina del desarrollo de una visión compartida" Para Senge, lo contrario a una organización en aprendizaje es la que está afincada en mecanismos rígidos de control y, como no confía en las capacidades de sus empleados ni en su grado de compromiso, diseña mecanismos de control, sofisticados o burdos, que se estructuran de manera vertical formando una pirámide en cuya cima se toman todas las decisiones. Lo cierto es que las cosas han cambiado. Y han cambiado mucho. Y lo han hecho a una velocidad de vértigo..... Es fundamental revisar si mecanismos pasados de moda son válidos en esta época en la que los millennials buscan estilos parecidos a los suyos.

Cuando busca un perfume comprará aquel con cuyo aroma se identifique más. Buscará aquel que le fascine y enamore. ¿Por qué no buscar lo mismo a nivel empresarial? ¿Por qué no buscar lo mismo a nivel personal? En mi opinión dar ese paso es valiente y salir del territorio conocido permite afrontar escenarios de crecimiento personal que harán que nunca se arrepienta de cambiar de aroma.


Raúl Baltar

14 de marzo de 2014

El contrato (permanente) emocional


Ya son cinco años escribiendo en este blog. Son 78 entradas en las que he hablado de liderazgo, de comunicación, de trabajo en equipo o de actitud ante el cambio. Ante todo he hablado de personas, para personas. Y seguiré haciéndolo pues la vida nos deja a nuestro paso decenas de detalles que, si nos fijamos con algo de atención, se pueden convertir en aprendizajes aplicables a nuestro día a día profesional o personal.

Hoy escribo el último post que publicaré siendo parte del equipo del Banco Exterior. En estos años colaboré con un fantástico grupo en crear una forma muy especial de entender una organización empresarial a través de un concepto que denominamos Gente sin Igual. Y hoy me corresponde compartir con quienes me han acompañado todos estos años algunas reflexiones muy importantes para mi.

La experiencia de haber presidido el Banco Exterior estos últimos 6 años se queda en mi memoria emocional como una de las etapas más enriquecedoras de mi vida profesional. Si a ello le sumó 7 años de experiencia en el Banco Interamericano de Finanzas (BanBif) en el Perú, la ecuación da como resultado casi 14 años de mi vida profesional dedicado a entender Latinoamérica a través de dos países maravillosos que han sido testigos del desarrollo y consolidación de una forma muy personal de entender la gerencia.
 
 
Construir algo es un propósito desafiante para el que uno siente, cuando comienza, que esta preparado de sobra. La experiencia, el estudio, la observación y el aprendizaje de lo que algunos visionarios aplicaron con resultados extraordinarios en distintas actividades a lo largo de todo el mundo, animan a enfrentar esa construcción sobre la base del liderazgo adaptativo y de conceptos como la conectividad y la colaboración. Sin duda el correr de los años se encarga, a través de la cercanía (contaminación) con algunos líderes tóxicos, de dejar el ánimo de muchos por el camino. Sin embargo, convirtiendo lo negativo en aprendizaje y multiplicando lo bueno en actitud positiva, año a año se va confirmado cual es el camino que más luz ofrece. Quizás no el único camino (no hay una única verdad), pero al menos sí el camino más coherente, positivo y apasionante para la época que vivimos.

Estos últimos años han sido una auténtica sinfonía del cambio y muchos en Banco Exterior se atrevieron a interpretar la partitura de la misma. Lo interesante es que esa partitura se ha interpretado haciendo sonar distintos instrumentos por parte de muchos de nosotros en diferentes momentos. Si la actividad de una empresa debiera sonar como una sinfonía, los músicos que la interpretan deben hacerlo con aquel instrumento que más dominan y con el que se sienten mejor. Michael Jordan intentó jugar Béisbol, pero fracasó porque en realidad él era un virtuoso del Basket. Se trata entonces de buscar una conexión absoluta entre la competencia del músico y las que se requieren para cada instrumento. Se trata de conseguir que cada cual encuentre su elemento, es decir, ese pequeño universo en el que nos sentimos bien, y productivos para el lograr el bien común, haciendo lo que hacemos.

Así, muchos "músicos" en Banco Exterior comenzaron "tocando" en operaciones y continuaron en créditos, o comenzaron en negocios y siguieron en tecnología, o comenzaron en productos y siguieron en contraloría, o comenzaron en tesorería y siguieron en corporativa, o comenzaron en el centro de contacto para seguir en recuperaciones y así un largo etc. Muchos se atrevieron a entender que la zona de confort, con su paradigma favorito del "esto siempre se ha hecho así", es el peor enemigo de la evolución personal. Se aprendió a explorar terrenos más allá de lo conocido para entender que había capacidades que no estaban aprovechadas y en las que éramos virtuosos. Por supuesto que a veces duele, pero ese dolor es inevitable si quieres ver otros paisajes, siempre buscando el elemento y aceptando una partitura colectiva y compartida que nos llevó a fantásticos niveles en lo financiero y a soñados niveles en lo relativo a clima laboral.

Hoy quiero agradecer a los accionistas del banco la oportunidad de liderar a todos los colaboradores de Banco Exterior. Hoy quiero agradecer a todos los colaboradores por tanta pasión, por tanta entrega, por tanta fe en construir un mundo diferente. Un mundo sin igual. Quiero manifestar el orgullo que experimento al observar como ustedes se dieron cuenta de que el crecimiento de una organización no puede llegar, de forma sostenible, sin el complemento esencial del crecimiento de cada una de las personas que configuran la empresa. De cada uno de ustedes. Y esa, quizás, sea la gran fortaleza que estos últimos años permitió recibir una fantástica herencia y tener la fortaleza para seguir construyendo un gran proyecto empresarial.

Ya finaliza mi contrato laboral con Banco Exterior. Pronto comenzarán nuevas ilusiones a desarrollarse y nuevos desafíos a comprometer toda mi pasión y mis principios. Mientras tanto, les aseguro que mi contrato emocional con ustedes nunca terminará porque todos ustedes son ya parte del equipaje que me llevo en mi maleta de experiencias. Nunca les olvidaré.

¡Gracias!

Raúl Baltar