31 de enero de 2011

Un viejo, algunos discursos o como tratar las expectativas.....



El 18 de junio de 1.954 se podía leer el siguiente aviso en la oferta de empleos del Diario de la Marina, el más antiguo de La Habana en ese momento:


IMPORTANTE
Empresa de alimentación desea contratar ingeniero químico. Debe ser recién graduado y hablar y escribir correctamente inglés. Oportunidades lucrativas


Esa misma mañana, un joven de 22 años que ya había decidido comenzar una carrera profesional lejos de la tradición de los negocios familiares, decidió postular al empleo. La empresa se llamaba Coca Cola y el muchacho no sólo consiguió el trabajo sino que, 27 años después, se convirtió en CEO de la misma, liderándola durante 16 años consecutivos y  llevándola a las más altas cotas de éxito y desarrollo. Su nombre era Roberto Goizueta. Seguro que las expectativas de la embotelladora (y ni que decir las de su joven candidato) no eran excesivamente elevadas cuando el periódico amaneció en la calle aquella mañana de 1.954 por lo que muchos pensarán que lo prudente es mantener una expectativa razonable ante el planteamiento de un objetivo puesto que, sin ninguna duda, "no aparece un Goizueta" en la vida de una empresa con frecuencia. Pero dejando planteada la anécdota comentada, quisiera ir un poco más lejos y cuestionar si verdaderamente lo interesante es mantener prudencia en la definición de una expectativa. Es directa la pregunta pero no es sencilla la respuesta. Comencemos por definir el término del que hablo:

Expectativa (según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua )
  1. Esperanza de realizar o conseguir algo
  2. Posibilidad razonable de que algo suceda
Me sentiría muy cómodo con el uso de la palabra expectativa si la definición incluyera términos como adrenalina, desafío, reto....... No es el caso. Así está definida oficialmente. Como es natural en casos como el descrito antes, lo más probable es que para Coca Cola la expectativa fuera la posibilidad razonable de que algo suceda, es decir, contratar a alguien que refleje el perfil descrito llevando a término ese proceso sin mayores pretensiones, lo cual viene a ser algo rutinario en la día a día de una empresa. Contratar a alguien es rutinario, si, pero tan increíblemente importante en la vida de una organización empresarial, que el resultado obtenido de esa acción puede llegar a ser mágico o, por el contrario, puede llegar a convertirse en permanentes dolores de cabeza para muchos, dejando atrás una estela de insatisfacción. Soy consciente de que un caso como el de Goizueta es uno entre un millón, pero constituye una plataforma válida para explicar que no es sencillo combinar “a gusto de todos” el binomio expectativa/satisfacción. Para comenzar, es probable que se le de más alcance al término expectativa de lo que la propia definición establece. Pero, ¿por qué no establecer que lo razobable sea retador......? Hay muchos elementos esenciales, que forman parte del ámbito de lo personal, que están involucrados en la medición de expectativa/satisfacción y, lo que resulta más complejo, también en la interpretación de esa medición. Pero sigamos adelante con la explicación.........¿quién no ha escuchado o ha dicho en alguna ocasión alguna de las siguientes expresiones?

  • Yo estaría satisfecho con no perder mi trabajo....
  • Yo, ahora mismo, firmaría por que no nos metieran más de dos goles.....
  • Me conformo con que la presentación salga a tiempo.....

Pues bien, la Biblia según San Juan, Capítulo 8, versículo 7 dice que “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Si asumimos esa referencia bíblica, que por cierto casi nadie recuerda en su día a día, tendremos que reconocer que expresiones como las anteriores son lugares comunes y que todos sin excepción las hemos pronunciado en algún momento de nuestra vida. Si ese tipo de expresiones son, además de comunes, habituales, el nivel de la expectativa considerado aceptable pudiera estar seriamente afectado por ese grado mínimo de satisfacción que se pretende obtener de su cumplimiento. En resumen, si el binomio expectativa/satisfacción se parametriza con desgana o su formulación resulta contaminada por algo tan poco sugerente como la rutina, entonces la combinación puede derivar en un resultado mediocre. Si el nivel de satisfacción se gradúa en "estoy satisfecho con no perder mi trabajo", la expectativa se materializará en un reto anodino y su fácil cumplimiento derivará en una satisfacción muy limitada o, incluso, sencillamente decepcionante. Decía antes que hay mucho de lo personal en la fijación de metas y, en mi caso, discrepo de quien piensa que es una ilusión "buscar un Goizueta" para su empresa. Creo que es válido intentarlo y personalmente trabajo en contra de establecer expectativas que sean exclusivamente “razonables”, lo que no significa que un profesional deba lanzarse al vacío programando metas imposibles en todos los ámbitos, sino más bien trabajar también en programar victorias tempranas que animen a los ejecutivos en la empresa. Ahora que  el año comienza, es válido plantear las expectativas que cada cual considere personal o profesionalmente interesantes y, acudiendo a los maravillosos ejemplos encontrados en la literatura y que me suelen acompañar, diría que lo que para algunos es un logro heróico, para otros no significaría absolutamente nada. En el angustioso relato de “El viejo y el Mar”, de Ernest Hemingway, encontramos algunos pasajes geniales que hablan de la variabilidad de las expectativas, incluso en un entorno similar y para un mismo individuo. Así, las expectativas de nuestro “viejo” transitan desde la seguridad y fortaleza de:

- Pez, yo te quiero y te respeto muchísimo. Pero acabaré con tu vida antes de que termine este día.
 hasta la incertidumbre y agotamiento manifestado apenas unas horas después:

- No puedo fallarme a mi mismo y morir frente a un pez como éste. Ahora que lo estoy acercando tan lindamente, Dios me ayude a resistir

Trasciende que hay dos estados de ánimo asociados a una misma expectativa. Para muchos la pesca de un pez puede suponer un acto de rutina o incluso de fastidio. Para nuestro personaje, sin embargo, la pesca es algo más que eso, es un reto, un desafío y se convierte, por tanto, en el medio con el que alcanzar una meta soñada. La meta se cumple, pero quizás no así la expectativa debido al coste físico acarreado, al desgaste emocional sufrido por el viejo y al resultado final de la historia (en todo caso, como siempre, recomiendo que lean el libro). De manera que, salvando entonces algunos extremos emocionales, es conveniente que la fijación de las expectativas se lleve a cabo considerando una serie de factores que, sin ser exclusivos ni inclusivos, me permito sugerir a continuación:

  • Nivel del objetivo
  • Preparación para el reto
  • Retos alcanzados en el pasado
  • Grado de dificultad de los retos alcanzados
  • Condiciones en las que se desarrolla el reto
  • Actitud de desafío


A  diferencia del sufrido personaje de Hemingway, William Trubridge, que se convirtió el pasado 13 de diciembre en el primer ser humano que consiguió sumergirse por debajo de los 100 metros de profundidad sin asistencia de ningún tipo, manejo muy bien la combinación entre su expectativa y la satisfacción que esperaba obtener del cumplimiento de la misma






Como puede observar en el anterior video (adjunto el link debido a que es la primera vez que incluyo un video en mi blog www.gearfuse.com/hectometer ) con el único uso de su respiración, sus manos, sus brazos y con sus pies como única propulsión, William consiguió este record mundial en Dean´s Blue Hole, Long Island, Bahamas. La lucha titánica de un viejo pescador con un enorme pez probablemente es desproporcionada y, aún sabiendo de pesca más que nadie, la expectativa del viejo era irracional. Sin embargo, un trabajo serio y planificado, el entrenamiento adecuado de la capacidad física y emocional y un equipo atento a todos los detalles, permiten que un reto tan ambicioso como el que se planteó Trubridge sea superado.

En mi opinión, la moraleja del caso anterior es que parece conveniente que en el mundo empresarial algunos retos sean ambiciosos aunque parezcan difíciles de lograr. Si tenemos una organización (o un equipo de trabajo) culturalmente preparada para luchar por expectativas retadoras, merece la pena el intento aunque no se consigan, puesto que las mejoras derivadas de ese esfuerzo serán evidentes con toda seguridad. Además, si se alcanzan retos ambiciosos, la satisfacción generada activará el mejor desempeño técnico y emocional de los distintos individuos. Tal es el caso que en estos días está de actualidad debido a una película titulada “El discurso del rey” que ha obtenido 12 nominaciones a los Oscar. Entre ellas está la de Colin Firth, nominado como mejor actor dando vida a Jorge VI monarca del Reino Unido entre los años 1936 y 1952. El argumento central de la película consiste en la superación por parte del rey de una limitación notable en la capacidad de expresión. Un logopeda australiano poco convencional consigue que Jorge VI venza su tartamudez y supere todas las expectativas con trabajo, tesón, convencimiento, humildad y sufrimiento, mucho sufrimiento. Gran ejemplo, sin duda, que contrasta con el caso de un gran comunicador como lo fue Jack Welch, CEO de General Electric durante 20 años. Jack hizo una presentación ante los analistas de Wall Street en 1.981, ocho meses después de acceder al cargo que le hizo ser considerado como uno de los mejores CEO de la historia. Quisiera detallar aquí un extracto de dicha presentación, que tiene validez para el tema tratado en este post:

“Conseguir que una organización o grupo de personas vea el mundo tal como es y no como desearía que fuera o llegare a convertirse, no es tan fácil como parece. Tenemos que llegar a todas las mentes de esta compañía con una actitud, con una atmósfera que permita a los trabajadores, en realidad que los anime, a ver las cosas exactamente como son, a tratarlas como es debido, no como les gustaría. Establecer en toda la organización este concepto de realidad es un requisito indispensable para poner en práctica la idea fundamental, que es la necesidad de ser los primeros o los segundos en todo lo que hagamos. O hacer algo al respecto. Cuando hablamos de calidad y de excelencia, nos referimos a crear una atmósfera en la que todos los trabajadores de la compañía aspiren a enorgullecerse de cada producto y servicio que ofrecemos. Creo que es muy importante esforzarnos por ir más allá de nuestros límites; ser, en algunos casos, mejores de lo que pensamos. Y veo que esto ocurre todos los días de muchas maneras en toda la corporación”

La manifestación de nuestras expectativas genera un ambiente sumamente propicio a la consecución de las mismas. Welch lo sabía y no tenía inconveniente en expresar sus grandes ilusiones, aunque supiera que fueran difíciles de alcanzar. Es por ello que me resulta enormemente atractivo reconocer alguno de los ejemplos de quienes han conseguido superar las expectativas, de quienes nunca dejaron de sorprender.

Es crucial definir retos, metas y compromisos ante uno mismo. Partiendo de la base esencial de tener objetivos, mi propuesta hoy es que supere usted sus propias expectativas, que las convierta en algo que no sea meramente razonable y, por qué no, que intente sentir el vértigo de sorprender las expectativas de los demás. Le garantizo algo.......se sentirá satisfecho.

¡Feliz día!

22 de diciembre de 2010

Scrooge, Armstrong o como bajar los Alpes a 120 por hora en bicicleta.....


Escribo en los últimos días del año y pocos días antes de la celebración de la Nochebuena y es por ello que me permito recurrir a dos clásicos de la literatura (libro y autor) con el fin de recrear el adecuado ambiente navideño en esta mi última entrada del año 2010:

“La puerta de la oficina de Scooge estaba abierta, porque así podía vigilar a su oficinista, que estaba escribiendo cartas, y ocupaba un pequeñísimo y oscuro cuarto, que, visto un poco más allá, parecía una especie de pozo.
Scrooge tenía un pequeño fuego para calentarse, pero el del oficinista era tan pequeño que parecía un solo carbón encendido. El caso es que ni siquiera lo podía reavivar cuando se iba apagando, porque Scrooge guardaba la caja del carbón en su cuarto, de manera que, en cuanto entró el oficinista con la pala para coger el carbón, ya estaba diciendo Scrooge que lo dejara. Así que el oficinista se puso su bufanda blanca e intentó calentarse con la vela, pero, como era hombre de pocas luces, no consiguió nada”

El fragmento anterior pertenece a la Estrofa I de Canción de Navidad”, obra escrita en el año 1843 por el genial Charles Dickens. La lectura de ese maravilloso relato permite descubrir perfiles y comportamientos humanos tan válidos en nuestra Civilización del siglo XXI (como Fernando Savater, yo creo que sólo hay una Civilización….), como en el gélido Londres de hace 170 años descrito por Dickens en su novela.
Al igual que pretenden hacer los tres fantasmas del famosísimo cuento, que recomiendo releer o leer, los días actuales son propicios para hacer revisión de nuestro pasado, de nuestro presente y de lo que se plantea para el futuro…..

- Recuerdas el camino? – pregunto el espíritu
- ¡Que si lo recuerdo! – exclamó Scrooge emocionado – Lo podría recorrer a ojos cerrados.
- En cambio, ¡qué extraño que lo hayas olvidado durante tantos años! -  apuntó el fantasma –

El pasaje anterior corresponde a la Estrofa II en la que el fantasma del pasado le recuerda al avaro personaje su antigua juventud, sus olvidadas ilusiones, su viejo entusiasmo, sus grandes amigos. Scrooge lo recuerda y también comprueba que, hoy, nada de eso ya lo tiene……Puede usted encontrar bibliografía abundante con miles de interpretaciones de los mensajes inherentes en la Canción de Navidad de Dickens, aunque dejo a su propia imaginación las interpretaciones correspondientes a los párrafos anteriores. Y aunque no se trata ahora de narrar una particular Canción de Navidad, dejo aquí la anterior referencia para hablarle ahora de un caso personal que tiene que ver con mi pasado. Hasta ahora no necesito, y espero que así siga siendo, ningún fantasma del pasado que me “ayude” a recordar mis experiencias vividas. Cuando uno hace resumen de los propósitos alcanzados en el año y de cuales son los conocimientos y las experiencias que se utilizan para conseguirlos, es natural recordar los aprendizajes recibidos, las enseñanzas aprehendidas que se suman a la genética que, sin duda, cada uno tenemos. Yo conocí a una persona que me enseñó mucho hace muchos años, Evaristo González. Todos tienen en su vida profesional personas que le marcan en detalles que van más allá de lo técnico e incursionan en terrenos esenciales, en lo cualitativo, para el desarrollo de una carrera profesional. Evaristo trabajaba conmigo en Banca Privada de Banco Zaragozano, en España, hace unos 15 años. Mi cargo me “otorgaba” la jefatura sobre él, pero mi experiencia, edad y ganas de aprender me convertían en una esponja ante sus palabras y planteamientos. Evaristo trabajaba en el banco pero, además, era un exitoso empresario. Nacido en Venezuela, su casa en Málaga era reconocida como la casa del Indiano. Como hijo de emigrantes consideraba que el trabajo era un derecho y una obligación por partes iguales y entendía que el hecho de haber sido, con el tiempo, exitoso en su actividad empresarial le generaba mayor compromiso en el respeto a su trabajo de “toda la vida”. Sus valores, por tanto, eran firmes y sobre la base de los mismos se permitía afirmar algunas cosas que no he olvidado:

- Todos tenemos derecho a ser felices en el trabajo. Yo quiero levantarme todos los días e ir sonriendo a mi trabajo. ¡Tengo derecho a ello!

Es muy probable que los ejecutivos de una empresa entiendan cual es su participación “técnica” en la consecución de resultados. Pero si nos proponemos complicar algo más la fórmula anterior, quizás podemos afirmar que no somos todo lo conscientes que se debiera en entender que los resultados van a depender, en buena medida, de la actitud y satisfacción ante el trabajo de cada uno.

Hace apenas una semana tenía la oportunidad, junto a un nutrido grupo de colegas del Banco Exterior, de escuchar al profesor Camilo Cruz haciendo una magistral presentación de lo que es la actitud de las personas ante la vida. Con una energía y un entusiasmo notables, Camilo desplegó una muestra muy interesante de esas actitudes a través de  una selección de respuestas obtenidas por él mismo en distintas ciudades de Latinoamérica ante un saludo de ¡Buenos días! Algunas de las respuestas comentadas nos eran familiares a todos y, otras, nos sorprendieron sobremanera:

- ¡Buenos días! ¿Cómo estás?
- Aquí….pasándola……. (es decir, matando el tiempo….)

Quedó muy claro el mensaje. No tengo nada mejor que hacer que matar el tiempo…….Un propósito por el que debe usted luchar es por conseguir una actitud entusiasta y no negativa o pesimista. La actitud que le permita disfrutar de su trabajo y, como efecto inmediato, facilitar su tránsito hacia el éxito y la satisfacción personal. Soy testigo de que una organización con colaboradores que son felices consigue mejores resultados. Aquellos que se dan cuenta de que “tienen derecho a ser felices” en el trabajo, logran una integración con los objetivos de la organización que quizás no sea sencilla al comienzo, pero que termina por convertirse en natural.

En estos tiempos de confraternidad en la empresa y de agradables encuentros que rescatan lo mejor de cada cual, podemos establecer un claro propósito para el futuro, que no es otro que dedicar tiempo, también a uno mismo. Tiempo valioso de reflexión, de encuentro con lo mejor y lo peor de lo que hacemos o dejamos de hacer. Tiempo de entender nuestra actividad y nuestra actitud ante las decenas o cientos de cosas que pasaron durante los últimos 12 meses.
Un colega ha tenido la amabilidad de regalarme un libro titulado “Mi vuelta a la Vida” de Lance Armstrong. Lance hace balance en este libro de “sus últimos 12 meses” y explica como descubre que tenía cáncer y recuerda cómo fue el proceso de enfrentarlo, curarlo y, finalmente, ganar el Tour de Francia. Quisiera rescatar un fragmento del Capítulo 5 de ese libro:

“El hecho de que en mi cabeza viviera algo que yo no había invitado a entrar me hacía sentir un pudor incómodo. Cuando hay algo que se te mete directamente en la mente tiene que ser muy personal, así que decidí corresponderle y ponerme muy personal yo también. Empecé a hablarle, a conversar con el cáncer, e intenté ser firme en mis afirmaciones:

- Elegiste a la persona equivocada-le dije-. Si ibas por ahí buscando un cuerpo en el que vivir, cometiste un gran error al elegir el mío.”

Lance decidió luchar por su vida, decidió ser feliz y “morir a los 100 años con una bandera americana a la espalda, tras descender gritando por los Alpes en una bicicleta a 120 kilómetros por hora”. Lance obtuvo un éxito rotundo, venció al cáncer, se convirtió en inspiración para millones de personas y se encuentra esperando, entre competiciones, los casi 65 años que le faltan para bajar a 120 kilómetros por hora por los Alpes…...A mi, definitivamente, me encanta esa actitud!
En Banco Exterior tenemos el privilegio de convivir con la Fundación de Amigos de Niños con Cáncer de Venezuela. Hace unos días, como viene ocurriendo los últimos años, entregamos alimentos y juguetes donados por todos los colaboradores del banco a una representación de los niños de la Fundación. En uno de esos actos, entre esos chicos y chicas maravillosos cuya sonrisa no se borra, destacó una muchacha, Mariana, con una sonrisa radiante en su rostro a causa de la ilusión que le producía comentarnos a todos como iba a comenzar a trabajar con su nuevo negocio: alquiler de teléfonos celulares en un puesto en la calle……

¿Pueden encontrar una mejor actitud? ¿Más ganas de ser feliz? Les confieso que a mi me resulta difícil imaginar mensaje más poderoso y me renueva las ganas de construir junto a los míos…..

Feliz Navidad


Raúl Baltar