Mostrando entradas con la etiqueta Eficiencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Eficiencia. Mostrar todas las entradas

29 de abril de 2013

En la Gran Evasión....¡no olvide cambiarse de ropa!

En algún momento de la vida, normalmente adulta, se hace uso del legado de frases célebres. Una de ellas puede surgir espontáneamente cuando se intenta llegar a la pelota (y no se puede) en un partido de fútbol del equipo de la empresa:

- ¡Ya no soy el de antes! - dice el jugador con gesto de haber entregado todo....

Más allá de momentos puntuales como el anterior, la llamada del calendario lleva a algunos a darse cuenta de la necesidad real de cuidarse mucho más. Problemas para dormir, digestiones complicadas, respiración pesada, agotamiento permanente o, peor aún, algún susto médico, son quizás algunos de los motivos que llevan a cualquiera a intentar un cambio de hábitos o, en definitiva, un cambio de estilo en la vida personal. Comenzar por reconocer una realidad, así no sea de nuestro agrado, es el primer síntoma de aceptación de la necesidad de cambio, tanto para las personas como para las empresas.

El camino hacia una vida saludable suele comenzar por la necesidad apremiante de adelgazar. El ser humano es puro músculo, aunque no lo crea, pero la musculatura fue pasando al olvido con el apoyo entusiasta de una deficiente calidad alimenticia y de frases también célebres como la de:

- ¡¡¡ Correr es de cobardes!!!

Pero después de disponer de un diagnóstico claro, alguno de los primeros consejos serán mejorar los hábitos alimenticios y hacer ejercicio físico. No importa cual ejercicio. Correr, caminar, nadar, jugar fútbol con los amigos o subir escaleras en lugar de esperar el ascensor. Cualquier esfuerzo es bueno si se hace con asesoramiento adecuado. Hay cientos de documentos en internet que ayudan a este propósito con prudencia, con constancia y complementando el ejercicio constante con una alimentación ordenada. Es habitual comprobar, después de unas cuantas semanas, que la ropa comienza a quedarse grande de manera que la constancia, la voluntad de cambio y el propósito de mejora dan resultados. Inicialmente, con orgullo, ajustaremos el cinturón como señal de triunfo personal. El siguiente paso, más increíble todavía, será recuperar del armario ropa olvidada que era imposible usar. Y, si el exceso del que partía era mucho y la mejora continúa, el siguiente paso será renovar el vestuario.

En ese proceso la salud mejora y los músculos vuelven a reaparecer poco a poco. El aspecto físico es, por tanto, mucho mejor. Pero si sigue usando la misma ropa, tendrá una imagen descuidada, dado que pantalones, chaquetas y camisas le "bailaran" mostrando una cierta imagen de desorden y hasta cierto punto algo grotesca. Llegó entonces el momento del comentado cambio de vestuario. No porque quiera que los demás le vean bien (lo cual es comprensible), sino porque usted se sentirá mucho mejor vistiendo prendas que se adapten a su nueva y satisfactoria situación física.

La Gran Evasión es una película de 1963 y es un clásico protagonizado por Steve McQueen. La trama se desarrolla en un campo de concentración nazi, en el que prisioneros de guerra del bando de los aliados tratarán de evadirse. El plan se diseña con toda precisión y todos los pasos del mismo se van planificando cuidando los detalles con el objetivo de lograr la gran evasión. Uno de los puntos importantes era el vestuario que llevarían al salir al exterior....



En la fotografía puede ver su forma de vestir en el campo. Trajes militares. Es evidente que los prisioneros tenían que presentar un aspecto diferente cuando la fuga se materializase, con ropas adaptadas a la nueva situación, es decir, ropas de civil. Independientemente del éxito que tuvieron finalmente en su fuga (le adelanto que poco), si salían vestidos con las mismas ropas que utilizaban en su cautiverio, no habrían avanzado en ningún caso. 

Quizás en la empresa pasa algo bastante similar y es posible comenzar a reducir "grasa" innecesaria de la organización, logrando mejorar procesos obsoletos o incluso eliminarlos a través del análisis de los más mínimos detalles. De alguna manera, los músculos  de la organización volverán a ser protagonistas, se volverán activos de nuevo, estarán tonificados y nos permitirán por tanto un mejor desempeño. Y si llevamos a cabo todo un proceso de mejora de la salud de la empresa, también es necesario que la imagen que la empresa muestra al exterior sea consecuente con esa nueva situación. Ante todo porque todos los que trabajan en la organización se sentirán mejor en una empresa que muestre la realidad interna de la misma en sus formas y en su estilo.

También hay casos en los que el traje sienta bien, pero sin embargo encubre una realidad diferente. Me impresionó la lectura de "Desde el jardín" de Jerzy Kosinski. Quizás también conozca este libro a través de la versión cinematográfica protagonizada por Peter Sellers. Yo no he visto la película, pero el libro es impactante, de sencilla lectura y lo recomiendo ampliamente. El personaje central, Gardiner, es un jardinero que termina siendo objeto de admiración de forma increíble por parte de los medios de comunicación, la alta sociedad norteamericana, los políticos y los diplomáticos. Lo más increíble es que todo ello se da sin que él lo busque expresamente, casi sin hablar y apenas haciendo comentarios relativos a como él cuida su pequeño jardín. Es pues posible que sean los demás los que pongan a alguien un ropaje que no le corresponda y que tampoco se ajuste a la verdadera "forma física".

En la empresa es preciso adaptar las estructuras y el mensaje (externo e interno) a los procesos de cambio estratégicos y, de alguna manera, la cultura de la organización vendrá a ser el ropaje que cubra con elegancia las mejoras internas que se vayan consiguiendo. Si se consiguen mejoras pero las formas siguen siendo las mismas y algunos ejecutivos no consienten en reconocer que las cosas cambiaron, la sensación que genere la empresa será la de alguien que pareciera usar la ropa de otra persona con talla diferente.

Las cosas están cambiando y si necesita una gran evasión hacia la eficiencia, hacia la productividad sostenida y generada por todo un equipo, acuérdese entonces de renovar su vestuario.

Raúl Baltar

13 de febrero de 2013

Si la niebla es densa, verá mejor el camino.....


Cuando el equipo de sus amores juega un partido importante y las cosas no van bien, probablemente se sorprenda afirmando que perder por dos goles, tal y como se desarrolla el partido, es un mal menor:

- ¡No salimos mal, después de todo!

Interesante ¿no? Aparentemente la mayor parte de nosotros somos reacios al cambio, sin embargo, el ser humano se adapta permanentemente y de forma posiblemente inconsciente a las circunstancias, aceptándolas. Si usted se quiere comprar un automóvil y le dicen que va a tardar nueve meses en disponer de él (sin ni siquiera escoger el color, por supuesto) estará angustiado y molesto. Si de repente le dicen que podría tener su automóvil en "tan solo" cuatro meses, será tan feliz que incluso estará dispuesto a pagar más. ¿Merece el producto un sobreprecio cuando es entregado cuatro meses después de ser solicitado? Seguramente si, en función a la capacidad de adaptación del ser humano a las circunstancias, convirtiendo lo que sería un pésimo servicio (cuatro meses de espera) en el motivo de un premio.

Nos acostumbramos a las circunstancias. Y si nos acostumbramos, algo puede terminar funcionando mal. Si observa algo sin mucho interés, debido a que usted siempre mira en la misma dirección y siempre ve el mismo paisaje, quizás no tenga estímulos para mantener la atención necesaria para interpretar cambios importantes en el entorno. Seguro que en alguna ocasión ha hecho largos viajes por algunas carreteras rutinarias. En mi caso, recuerdo algún viaje desde Lima hacia el norte del Perú viajando por la carretera panamericana camino a Trujillo, Chiclayo, Piura o la más lejana Tumbes. En esos viajes se comienza con entusiasmo y con una amena conversación. Pero, después de un abundante almuerzo, el entusiasmo suele desaparecer y los compañeros de ruta se sumergen en una reparadora siesta dejando como único compañero de viaje de quien maneja el automóvil al desierto, infinito a lado y lado de la carretera. Tan poco estímulo hay para los sentidos, tan repetitivo es el paisaje, que se corre el serio riesgo de perder la concentración y dormirse con la consiguiente probabilidad de accidente. Sin embargo, cuando se viaja por una ruta (ya sea conocida o desconocida) con el ingrediente adicional de, por ejemplo, una densa niebla, la tensión no permitirá que la sensación de sueño le asalte (por cierto que en ese caso también los acompañantes estarán bien atentos a la ruta.....). ¿Cómo hacer para que una cierta niebla siempre este en nuestra ruta de manera que tengamos la capacidad de estar concentrados y atentos a lo que pasa?

Tiempo atrás, un colega del banco me comentaba que lo que hasta un momento determinado era considerado como un problema y hasta ese momento lo estábamos tratando como problema, había finalmente desaparecido ¿Por qué desapareció? Gracias al poderoso inconformismo de varios profesionales que deciden escribir la historia de otra manera. Si tenemos un problema que provoca un incremento notable de las quejas de algunos clientes, la rutina dirá que debemos contratar especialistas que se dediquen a controlar que el registro y atención de estos reclamos es el adecuado.

¡¡Lo importante es atender a los clientes!!

Suena muy serio y hasta muy responsable. Pero lo más probable es que sea sumamente inconveniente para el interés de la organización, para la consolidación de una cultura basada en el pensamiento estratégico y, finalmente, también para los clientes. En ese sentido, un gran amigo mío arquitecto me contaba estos días que en su casa de la playa había decidido eliminar todas las capas de pintura que, a lo largo de decenas de años (la casa es muy antigua), se habían ido aplicando a la madera de las ventanas con el fin de que la casa siempre estuviera impecable. Al raspar las capas de pintura, se encontró una madera absolutamente podrida que hubo de ser reemplazada totalmente. Interesante. Lo rutinario entonces genera pocos estímulos y es por ello que tiene mucho valor el que un profesional decida hacerle frente a lo evidente, a lo clásico, a lo "razonable" para establecer una postura rebelde que sencillamente se base en no dar nada por supuesto. ¿Qué tal eliminar los reclamos de clientes en lugar de gestionarlos? ¿Qué tal profundizar, con un esfuerzo considerable, en entender cómo podemos mejorar las cosas en lugar de exigir un también descomunal esfuerzo en organizar el caos?

Pero falta comentar un pequeño detalle que, finalmente, tiene grandes dimensiones. Para ir al origen del error y solucionarlo, en lugar de vestirlo de primera comunión y tenerlo presentable, se requiere de un equipo profesional, bien estructurado, que conozca sus responsabilidades y, sobre todo, aplique altas dosis de conectividad y de colaboración. La reputada consultora Gartner habla de conectividad y colaboración y esa es la clave. Solucionar un problema en la raíz, que es donde debe solucionarse, supone entrar en territorios que no son los de uno. Eso, que parece fácil, es un reto en el que se agrupan dos actitudes distintas y necesarias: la de quien debe acercarse a otro territorio y la de quien debe recibir en su territorio. Ambas actitudes demostrarán generosidad e inteligencia entendiendo que las mejoras son válidas y beneficiosas para el interés general. Hablamos de cultura.

En estos días ha sido noticia el CEO de una empresa consultora que decidió decretar una semana sin correo electrónico. Gran impacto en la empresa y tremendo desafío que, finalmente, terminó en algo positivo. El mensaje es que se anime y abra las puertas de su territorio, favoreciendo la conectividad y ayudando en definitiva a que la colaboración crezca y genere muchas cosas positivas. Y mientras deja sus puertas abiertas, acuda entonces a tocar las puertas de otros territorios cuando sepa que eso es esencial para mejorar. De usted el primer paso, sea el pionero en ofrecer conectividad y colaboración, aún así la niebla esté densa......


Raúl Baltar

15 de octubre de 2012

Süskind o el perfume de una empresa ...........


En la magistral e inquietante por momentos novela "El perfume" de Patrick Süskind, puede encontrar la siguiente reflexión:

"Un perfumista era una especie de alquimista que realizaba milagos y si la gente así lo quería, ¡qué remedio! Sólo él sabía que su arte era una artesanía como cualquier otra y eso constituía su orgullo"

Soy un convencido de que la esencia del futuro sostenido de una organización es la eficiencia. Ese indicador es el verdadero "perfume" de una empresa, aunque no hay milagros que conduzcan a su mejora. La manera de llegar a la eficiencia es dominar la artesanía del fantástico universo de los procesos empresariales.
En varias ocasiones he comentado en este blog la importancia de las personas en la vida de una organización. En lo relativo a los procesos internos esa importancia es definitiva. Comento esto porque quiero contarle una experiencia vivida recientemente. Ya en tránsito en mi regreso a Caracas, con las piernas algo maltrechas pero el espíritu en plena forma por el logro obtenido en la Maraton de Berlín, me acerqué a hacer unas compras a un establecimiento madrileño muy conocido y, parafraseando a Cervantes, de cuyo nombre no quiero acordarme.... Mi mente todavía se movía con comodidad por terrenos de epopeya, de logros, de bondades del trabajo en equipo, de necesidad de darlo todo para alcanzar los sueños. El objetivo de mi compra eran unos zapatos. Nada muy sofisticado.
Poca gente alrededor. Supongo que la hora mañanera y la crisis en España tienen algo que ver en eso. Varios empleados circulaban colocando cosas ya colocadas, conversando entre ellos, pensando quien sabe en que cosas. Para un cliente es frustrante tener que pedir, casi por favor, que alguien le haga caso. Sin embargo, en esta ocasión no tuve muchos problemas para que me atendieran. Se me acercó un señor muy amable que respondía con interés y conocimiento a las pocas preguntas que yo puedo formular cuando compro algo. Tranquilo, bien atendido, contento por el logro alcanzado dos días antes en Berlín y dispuesto a hacer una buena compra.

En eso percibo una conversación entre otros dos empleados de la tienda. No sabía discernir al principio si era discusión o, por el contrario, si era una conversación en la que ambos intentaban entretenerse con comentarios provocadores mientras pasaba el tiempo sin clientes a la vista (yo era el único en esos momentos). Me recordaba a esas conversaciones de pareja con reclamaciones más o menos en broma que terminan en gran discusión a la que ninguno de los dos sabe como se llegó. Pronto me di cuenta de que, en efecto, se trataba de un enfrentamiento. Imagínese un enorme restaurante. Vacío. Sólo una mesa ocupada por usted y, de repente, dos camareros “deciden” tener una discusión dando vueltas alrededor de su mesa ¡Justo alrrededor de su mesa! Algo así me ocurría a mi en esos momentos. No había manera de no darse por enterado de lo que pasaba y el pleito era porque uno de ellos, según el otro, se había hecho el remolón para atender un cliente mientras el otro trabajaba. Fue contundente la dinámica de la discusión y la traigo porque, como siempre, creo que puede ser reflejo de tantas situaciones que día a día pueden vivirse en una organización en la que las personas deben interactuar entre ellas.

Incómoda situación. Porque la persona que me atendía a mi se daba cuenta de que yo estaba pendiente del asunto y no sabía como hacer para enviarle alguna señal a sus compañeros con el fin de que se fueran a discutir a otro lado. Pero no. Decidieron discutir “alrededor de mi mesa”. Uno atacaba y el otro se defendía. Al principio la defensa era casi indiferente, mientras que el ataque era comedido, casi en tono de broma. Luego el ataque comenzó a arreciar con una indolencia dolorosa, mientras que la defensa indiferente se fue convirtiendo en una defensa justificativa, casi preocupada:
  • ¡Es que yo no me di cuenta de que me llamabas! Además, estaba buscando algo....
El que atacaba seguía firme en su indiferencia y le hablaba al otro sin mirarle a la cara. Tremendo. Daban vueltas y vueltas. El "acusador" delante. El "acusado" detrás mientras le hablaba. Cada vez él más indiferente y cada vez el otro más incómodo, quizás pensando:
  • ¡Este me pilló in fraganti!

Finalmente, con una seguridad propia del que se sabe en posesión de la verdad, el acusador terminó diciendo, de nuevo sin mirar a su oponente y con algunos términos que no me parece oportuno siquiera repetir:

  • ¡Tu verás! Pero te advierto que me muevo como pez en el agua en estas situaciones.....

Definitivamente es muy interesante observar el entorno. Observar y escuchar siempre serán acciones  fantásticas para entender que es lo que pasa con las emociones de las personas y, naturalmente, lo que pasa con las emociones de la empresa. En ese sentido me llamó la atención La teoría de La Rueda de las Emociones del psicólogo Robert Plutchick. En su trabajo, Plutchick muestra reflexiones interesantes a través de la definición del diseño de su teoría





Según algunos estudiosos de esta teoría, "la persona dominadora experimenta el placer que le proporciona el  tener el control sobre la situación y sobre la vida del dominado. Sabe que un gesto suyo o una palabra van a tener efecto sobre la otra persona y él controla ese efecto más o menos a su voluntad"
Quizás lo anterior le resulta familiar con la experiencia relatada más arriba......Notable, ¿no?

Hecho este paréntesis vuelvo a mi historia para terminar de relatarla. La persona que me atendía intentaba aparentar que nada estaba ocurriendo pero era ciertamente muy difícil. Sus dos colegas desarrollaron esa suerte de coreografía de lo indiferente/preocupado haciendo gala de una capacidad increíble para no reconocer nuestra existencia, cual si la capa de Harry Potter nos cubriera y nos hiciera invisibles. Un episodio como el relatado es, lamentablemente, todavía habitual en muchas organizaciones. Las luchas de poder, las peleas por los espacios, las grandes y pequeñas ambiciones son los únicos dinosaurios que no fueron extinguidos hace tiempo. Peleas como ésta se producen para conseguir...NADA. Ni bueno, ni malo. Eso si, son perfectas para generar un clima negativo entre los colaboradores y, obviamente, entre los clientes que, sin poder evitarlo, "perciben" ese ambiente.

Conseguir un clima laboral adecuado es complejo y mantener un nivel de excelencia en el clima laboral es una tarea de todos y cada uno de los días del año. No va la cosa por temporadas. En un pasaje de "El banquete" de Platón, hay un interesante diálogo en el que Sócrates afirma:

"Examina, pues, si cuando dices "deseo lo que tengo" no quieres decir en realidad otra cosa y es que quiero tener también en el futuro lo que en la actualidad tengo"

Y es que si está usted satisfecho con su clima laboral, trabaje entonces para mantener en el futuro lo bueno que hoy disfruta. Una pelea sin sentido entre dos colaboradores, aparentemente sin mayor trascendencia, puede ser el peor enemigo para que, en el futuro, no tenga aquello que hoy le parece sólido como una roca.





El psicólogo cognitivo Steven Pinker, del que ya he hecho alguna referencia en este blog, publicó en el año 2005 "La tabla rasa" trabajo en el que dedicaba un capítulo completo al asunto cultural. El argumenta en su libro que

"La cultura no es una fuerza autónoma que se escriba sobre una tabla rasa o sirva para moldear arcilla, sino que emerge como resultado de que la gente comparte el conocimiento entre sí y trabaja para alcanzar acuerdos acerca de como vivir"

Interesante. Muy interesante ¿Qué se puede sugerir? Participar. Definitivamente. Pero no desde la redacción o supervisión de legítimos manuales que, siendo necesarios, posiblemente se alejen de la realidad de la empresa. La   realidad de la empresa se construye en los cientos de relaciones entre los colaboradores de la organización y es muy conveniente estar cerca. Sentir la empresa. Vivirla. Participar. Se trata de trabajar una cultura propia. Una cultura que deje los menores espacios posibles para esas luchas internas que causan más impacto en el futuro de la organización (evidentemente no positivo) que las grandes batallas estratégicas que se definen en los despachos de la alta gerencia.


Raúl Baltar

11 de agosto de 2010

Están reunidos......son Doce hombres sin Piedad


¿Sabe cuanto tarda en construirse una Catedral? En las páginas de la fantástica novela Los Pilares de la Tierra, de Ken Follet, que recomiendo leer, se describe con detalle el proceso de construcción de una Catedral en el siglo XI. En el caso de la Catedral de Santiago de Compostela, donde finalizan los peregrinos el famoso Camino de Santiago, la construcción se demoró nada menos que 236 años. Sin embargo, con la evolución teconlógica, hoy en día se levantan estructuras gigantescas como la Torre de Dubai, de 828 metros de altura y decenas de miles de metros cuadrados, en tiempo record de apenas 5 años.
¿Sabe cuanto duró la primera operación de trasplante de corazón realizada por el Doctor Christiaan Barnard? Fue en el año 1.967 y la operación duró 9 horas. La receptora del corazón vivió sólo 18 días. Actualmente una operación similar se lleva a cabo en menos de 3 horas, son bastante numerosas, y el 71% de los pacientes sobrevive más de 5 años.
¿Sabe cuantos kilómetros recorrió el avión de los Hermanos Wright en su primer vuelo comercial en 1.910? Fueron 100 kilómetros en una hora, alcanzando una velocidad de 97 kilómetros por hora. Le ahorro la descripción, cien años después de esa proeza, de lo que ha conseguido la aeronáutica en velocidad y espacios recorridos (se envían artefactos a Marte pero el servicio de las aerolíneas, eso sí, deja bastante que desear a menudo.....)
Los anteriores ejemplos sirven para ilustrar como la tecnología ha incorporado elementos increíbles a la elaboración, desarrollo y evolución de las cosas. Pero hablando de rápida evolución de las cosas, le hago una nueva pregunta 

¿Porqué las reuniones de trabajo siguen siendo en ocasiones eternas y repetitivas?

A nivel empresarial, en lo que al mundo de la resolución de discrepancias se refiere, pareciera que la evolución no se manifiesta con la rotundidad que muchos quisieran. No parece que un grupo de ejecutivos sentados alrrededor de una mesa, en lo que denominamos una "reunión de trabajo", hayan conseguido cambios fundamentales en los últimos 40 años en cuanto a la efectividad y capacidad de resolución de problemas, iniciativas, mejoras.
Sigo con el desarrollo de la reflexión de esta entrada y recupero desde la memoria la trama filmada en 1957 de forma magistral por Sidney Lumet en “Doce Hombres sin Piedad”. Esta fue la primera película de Lumet y estuvo nominado al Oscar por ella. El guión describe a doce hombres nombrados miembros de un jurado que debe decidir acerca de la culpabilidad o no de un presunto asesino. Inicialmente parece que el juicio y el veredicto van a ser un trámite rápido debido a las pruebas desplegadas y, porque no decirlo, a las ganas de varios de los miembros del jurado de "terminar cuanto antes" el engorroso trámite en el que se encuentran envueltos. Sin embargo, en votación secreta, uno de los integrantes del grupo decide votar inocente. Es entonces cuando la "reunión" se convierte en una encarnizada lucha de influencias entre varios de los jurados y la película despliega con habilidad una interesante demostración de las diferentes personalidades y actitudes de los miembros del jurado. Seguro que este mismo guión lo podríamos encontrar replicado en una reunión de trabajo de una empresa cualquiera, en la que detectaríamos ciertos paralelismos con los diálogos desarrollados en Doce Hombres sin Piedad hace 53 años. Algunas de las frases que podríamos escuchar en esa escena desarrollada en una reunión empresarial serían:

- Necesito evaluar bien ese punto….
- Quisiera conocer la opinión del área de control…
- No lo he consultado con mi jefe. Tengo que comentárselo…
- Tenemos que levantar los procesos…
- Dejémoslo ya así. Estoy harto de reunirme…
- Me tengo que ir. Tengo otra reunión…
- Pero si está clarísimo!!

Vamos ahora con la segunda situación. Haga memoria y retroceda al día 16 de junio de este mismo año mundialista, en Sudáfrica. Partido España-Suiza. Primer partido del Mundial para ambos equipos. Parto de la premisa de que lo vio, dado que este tipo de evento deportivo convoca a personas que en ninguna otra ocasión se sientan a ver un partido de futbol. Supongamos también que no simpatiza en especial con ninguno de los dos equipos pero se deja llevar por sus sensaciones durante la retransmisión del juego. Sin ser usted muy aficionado, y al calor del ambiente que se despliega en estos acontecimientos, rápidamente siente que se transforma ante la televisión para convertirse en una suerte de exigente “juez” que ve las cosas clarísimas y comienza a increpar al entrenador y a exigirle acerca de cuáles son los movimientos que debe hacer “de inmediato”. En este caso podríamos, seguramente, escuchar una frase del estilo…..

- ¡¡Cambia a Torres....!! ¡¡¡Pero si no se está moviendo....!!!

En el deporte se exigen respuestas en plazos de tiempo extremadamente cortos. Apenas hay espacio para la reacción y el entrenador debe decidir en cuestión de minutos con el fin de mantener el resultado a su favor o mejorarlo, si es que está en contra. Un partido de futbol dura 90 minutos y, para el tiempo de descanso, ya cientos de miles de aficionados están esperando que el entrenador tome decisiones. La paciencia en este caso es muy, muy escasa…
Seguro que es observador y se habrá dado cuenta de que las dos escenas (Película y Partido de Futbol) representan un caso bastante similar. Los protagonistas de las mismas mantienen posturas muy personales, en general intransigentes, exigentes con sus necesidades en grado sumo y, por defecto, escasamente tendentes al acuerdo.
El convertirse en juez de una decisión puede parecer sencillo pero entraña una complejidad técnica y ética considerables. En uno de los casos tenemos a una mayoría de miembros del Jurado que, con tal de terminar rápidamente el engorroso trámite, están dispuestos a decantarse por lo que parece más evidente, que es la culpabilidad del acusado. En la otra escena tenemos a un aficionado deportivo que, sin conocer en detalle las condiciones del juego, el estado físico o anímico de los distintos jugadores o la calidad del terreno de juego exige al entrenador Vicente del Bosque, en base a poco más que una percepción, que se tome una medida inmediata. La que él quiere.
Probablemente le resultan familiares estos comportamientos trasladados a una reunión en su empresa, grupo de amigos o incluso familiar. La complejidad de las relaciones humanas hace que sea más fácil decidir los cambios de jugadores de un equipo de futbol, que llegar a una resolución en el tiempo deseado de un proyecto coordinado en reuniones de trabajo por un grupo de trabajadores de una empresa.
El mundo empresarial no es ajeno a la realidad. La velocidad a la que se construye una catedral, o la celeridad para decidir en un grupo de trabajo como mejorar un proceso de una empresa manufacturera o de servicios no difieren en lo esencial. Las dimensiones pueden ser distintas, pero no lo es la esencia. Las organizaciones modernas no evolucionan si no lo hacen sus integrantes y ellos no lo hacen si no se asumen retos en la mejora de las cosas.
Un cercano ejecutivo de mi empresa reflexionaba en días pasados acerca de que las mesas de trabajo se convierten, en ocasiones, en mesas de convicción. Es decir, alguno de los participantes en esas mesas debe ejercer el papel que Henry Fonda en Doce Hombres sin Piedad y convertirse en el "transformador" de la actitud (ni siquiera a veces de la opinión) de los demás. Si es necesario hacerlo, se debe hacer, pero no es lo deseable. Es esencial que en las organizaciones las decisiones NO se tomen sobre la base de percepciones, sino en base a un trabajo profesional de análisis y es por ello que se establece una mesa de trabajo en la que es aconsejable que se le fije con claridad el objetivo a conseguir, se decida con rigor que ejecutivo debe estar presente y se establezca cual es la agenda concreta a tratar.
Las cosas hay que hacerlas bien, no deprisa, sino bien, como corresponde y en el momento en el que se deben hacer. No es conveniente que exista un "miembro del jurado" o un integrante de la mesa de trabajo que tenga que emplear parte de su tiempo en convencer al resto, no de que el está en lo cierto, sino de que ellos están equivocados en no transar.  La ventaja de los que trabajamos en responsabilidades menos acuciantes a la de resolver en 90 minutos de juego o decidir sobre la libertad de una persona es que podemos planificar. Pero la moneda de cambio está en la responsabilidad de avanzar y decidir.
Si observa algo que no funciona, cámbielo, no espere a que alguien lo haga por usted. Recuerde que usted se hubiera ido en persona a Durban a sacar a Fernando Torres del campo ante más de 1.000 millones de personas como testigos…..¿Acaso no es capaz de cambiar con eficiencia un proceso en su vida con sus queridos compañeros de testigos? Saque, pues, lo que de verdad lleva dentro, lo que la adrenalina descubre como la esencia de su caracter. Atrevase a ser protagonista de lo que vive.

La gran cantautora peruana, Chabuca Granda, dijo: "Aunque me falte todo, me sobra el canto...." Que lo que nos sobre, dado que no seremos virtuosos como ella lo era, sea entusiasmo y capacidad de comunicarnos y entendernos con otras personas, aún así sean Doce Hombres sin Piedad.....

Raul Baltar